Pascual Chávez: “Los Salesianos Cooperadores están llamados hoy en fidelidad a su vocación y misión salesiana a ser realmente cristianos en el corazón del mundo”

4-2
Don Pascual Chávez Villanueva, Rector Mayor emerito de la Congregacion salesiana esta predicando la novena de Maria Auxiliadora en el colegio salesiano de Pamplona, hemos aprovechado su estancia en tierras navarras para hacerle un entrevista, en ella nos habla de su vida actual, de la iglesia, de la Familia Salesiana, todo en un clima de fraternidad y cercanía

• Tras dejar de ser Rector Mayor ¿Cómo es un día en su vida?
Al término de mi mandato el nuevo Rector Mayor, don Ángel Fernández Artime, me pidió ir a la Comunidad del Instituto Internacional San Tarcisio, que es un postnoviciado situado en el área de las Catacumbas de San Calixto, y estar a la disposición de la Congregación, del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, de la Familia Salesiana y de la Vida Consagrada en general. De hecho, mi agenda está llena de compromisos de conferencias, retiros, ejercicios espirituales y artículos para revistas.
La mayor parte del tiempo estoy fuera de Roma y en cada lugar depende del programa que me han hecho.
Por mi parte, cuido mi vida espiritual con la oración personal y la participación a la oración de la comunidad; me gusta integrarme en la comunidad y estar actualizado, en forma tal de poder responder a lo que piden de mí.

• ¿Con que tres momentos se queda de sus doce años como Rector Mayor?
Mi período como Rector Mayor estuvo caracterizado – como lo es en general la vida – por muchos acontecimientos y eventos. Señalar tres que, de modo particular, me hayan llenado de alegría me obliga a seleccionar dejando fuera otros igualmente importantes. Con todo,contestando a la pregunta, podría individuar:
1. Las numerosas celebraciones de beatificación y canonización en mis doce años. Comencé mi servicio el 3 de Abril del 2012 y pocos días después tuvimos la gracia de la beatificación de tres miembros de la Familia Salesiana, que se caracterizaron por la caridad pastoral: el Coad. Artémides Zatti, conocido como el “buen samaritano” de la Patagonia; don Luigi Variara, fundador del Instituto de los Sagrados Corazones de Jesús y de María a favor de los enfermos de lepra; y Sor María Romero, FMA, una santa nicaragüense que desarrolló en Costa Rica una increíble actividad social y pastoral. Terminé mi rectorado con la beatificación del Coadjutor Mártir, Esteban Sandor, de Hungría, una figura muy hermosa de salesiano educador totalmente volcado a los jóvenes. Pero, dentro de estos dos momentos, hubo muchas beatificaciones comprendidas las de los mártires de España.
2. La expansión misionera, en continuidad con la primera expedición hecha por Don Bosco el 11 de noviembre del 1875, y gracias a la cual la Congregación, así como el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora y otros grupos de la Familia Salesiana han contribuido a hacer realidad el mandato de Jesús, antes de su Ascensión, de ser sus testigos hasta los últimos confines del mundo. Hoy nuestra presencia alcanza 134 países en los cinco continentes, pero presentes también en el continente digital. Para nosotros además el sólo hecho de que existan jóvenes y jóvenes necesitados es una razón para querer responder a sus aspiraciones, derechos y necesidades en cualquier punto de la tierra donde se encuentren.
3. Quisiera, en fin, considerar también el crecimiento y consolidación de la Familia Salesiana, pues Don Bosco – al igual que los grandes santos fundadores – no fue fundador sólo de un instituto, sino de una familia espiritual apostólica. Él mismo fundó la Congregación, el Instituto de las FMA, los Salesianos Cooperadores, la Asociación de Devotos de María Auxiliadora. Esa semilla se convirtió en un árbol, que cuenta hoy con 32 grupos oficialmente reconocidos, más muchos otros en espera de este reconocimiento. Y el árbol se ha trasformado en un bosque, que nos permite alcanza a 15,000.000 de personas en el mundo con actividades de promoción humana, de educación formal, no formal e informal – que van desde kínder hasta Universidades y Centros de Formación Profesional – y centros de evangelización y misiones en el sentido estricto del término.

• ¿Qué valoración hace del pontificado de Francisco?
No hay duda de que cada nuevo papa da un rostro distinto a la Iglesia. Bastaría pensar en la imagen de Iglesia primaveral con Juan XXIII; de Iglesia dialogante con Pablo VI; de Iglesia valiente con Juan Pablo II; de Iglesia cansada con Benedicto XVI y de Iglesia con fuerte sabor evangélico con Papa Francisco.

Ciertamente, no es la primera vez que la Iglesia atraviesa momentos difíciles y de profunda renovación. Está claro que con el paso del tiempo, polvo y suciedad se depositan también sobre los hombres y sobre las instituciones de la Iglesia, como bien había denunciado Benedicto XVI. Lo ha vuelto a decir también el Papa Francisco, desde el inicio de su ministerio petrino, alertando contra la mundanización espiritual de la Iglesia, contra el peligro de convertirse en una ONG, cuando prevalece la organización sobre la misión evangelizadora. Otras intervenciones del Papa Francisco han sido contra la tendencia al aburguesamiento de la Iglesia y al estancamiento que pueden hacerla insensible ante grandes problemas sociales; contra el clericalismo que no deja espacio a los laicos y, en particular, a la mujer; contra la cerrazón, la auto-referencia, olvidando que ha nacido para evangelizar; contra la tentación del pelagianismo y del gnosticismo que se expresan en la convicción que todo depende de programaciones cuidadosas, perfectas y de la ilustración de la intervenciones, pero lejanas de la realidad. Y cuando la Iglesia se hace rica y poderosa, con la carga pesada de apoyos humanos y privilegios, cada vez que la diplomacia prevalece sobre la profecía, cuando la comunidad cristiana se repliega sobre los problemas internos y afloja el impulso misionero, el Espíritu Santo – que guía la Iglesia – interviene: la purifica, la renueva y la lleva a la pureza de los orígenes. ¡Vuelven los tiempos apostólicos!

¿Acaso no es esto lo que el Papa Francisco está encarnando? Con gestos sencillos y opciones directas trata de que la Iglesia vuelva al Evangelio, promoviendo una Iglesia misionera y pastoral que camina, construye y evangeliza. Una Iglesia pobre, que predique los valores de la pobreza y anuncie a un Dios misericordioso. Al inspirarse en San Francisco, que quiso asumir como patrono, y teniendo el Concilio Vaticano II como punto de referencia, el Papa Bergoglio desempeña su ministerio petrino por medio de un testimonio de sencillez, de pobreza y de humildad. Con sus opciones hacia los pobres, sus gestos de cercanía, de apertura, de diálogo, de amor, de ternura, él está tratando de derribar las nuevas murallas que dividen la humanidad y construir nuevos puentes a través del diálogo y la solidaridad. Sus valientes intervenciones anuncian el Evangelio de Jesús y denuncian todo aquello que va en contra del plan de Dios sobre el Hombre, dentro de la Iglesia y fuera de ella, con gran convicción, con fuerza de parresía y con una visión sabia.

• ¿Según su opinión a que retos los Salesianos Cooperadores actuales?
Los Salesianos Cooperadores están llamados hoy en fidelidad a su vocación y misión salesiana a ser realmente cristianos en el corazón del mundo. ¿Y qué comporta esto? Tener una mentalidad y una praxis verdaderamente arraigadas en Jesús y en el Evangelio, con el estilo de Don Bosco y sus prioridades: los jóvenes, la educación, y el el Sistema Preventivo. A esto se añade hoy de manera urgente la pastoral familiar, en línea con la Carta post-sinodal sobre la Familia “Amoris Laetitia”.
La mentalidad cristiana, el pensar la realidad según la visión que se desprende de la palabra y del misterio de Cristo es hoy y será en el futuro uno de los puntos que más comprometen y más sometidos a prueba. Lo han puesto en claro dos cartas de Juan Pablo II: El esplendor de la Verdad y La fe y la razón, las dos Encíclicas de Benedicto XVI: Dios es Amor, Salvados en la Esperanza, y la escrita junto con Papa Francisco, El Don de la Fe, así como la su carta: El gozo del evangelio. Pero es parte irrenunciable del seguimiento. Sobre cada una de las cuestiones fundamentales de la existencia el cristiano debe hoy y lo mismo será mañana confrontarse hoy con opiniones diversas, que provocan orientaciones, opciones y comportamientos diferentes. Ejemplos cotidianos son la propiedad y el uso de los bienes materiales, la solidaridad y el sistema económico, el amor y la sexualidad, el matrimonio y la familia, la bioética y la paternidad-maternidad responsable. Detrás de todo está la libertad y la conciencia, el sentido de la vida y la condición humana, el bien y el mal.
El seguidor de Jesús será un espíritu vigilante, abierto y serenamente crítico en el ambiente de libertad y condicionamientos formado por el sistema democrático y la comunicación masiva.
Un motivo y una imagen atraviesan los evangelios: Jesús es la luz del mundo y de todo hombre que viene al mundo. Luz de la conciencia y luz sobre la realidad. Es el Verbo conforme al cual todo ha sido creado y en el cual todo encuentra sentido. Enseña por lo tanto a mirar las cosas y la historia desde la perspectiva justa y a dar a cada realidad su valor.
En el Evangelio lo vemos dedicado a instruir a los discípulos, no solo sobre las verdades religiosas, sino sobre la manera correcta de juzgar acontecimientos y realidades cotidianas: la dignidad de cada persona, la relación con las autoridades, el pago de los impuestos, la naturaleza del poder, las solidaridades legítimas o cerradas, las felicidades auténticas y las engañosas, el uso del dinero, la finalidad del placer, el valor de la vida, el uso del cuerpo.
El desfase entre desafíos de la cultura, libertaria y mediática y mentalidad de fe debe ser resuelto con una reflexión cristiana adecuada a las diversas fases de la vida. Hoy no es un lujo del cual se puede prescindir, sino necesidad vital para sobrevivir como creyentes.
En estos inicios del tercer milenio estamos asistiendo a hechos indicadores de un cambio de época, que exige una fe madura.
En el campo científico, tecnológico y mediático ya hemos señalado como hoy parece no haber límite alguno para el conocimiento de la realidad, con lo que ello comporta en el campo ético.
En el campo social, además de la crónica crisis económica y financiera de los últimos años, no habríamos imaginado pasar de una brevísima etapa de ‘paz mundial’ a un nuevo resurgimiento de guerras, que parecen anunciar trágicamente una tercera guerra mundial, como se ha atrevido a identificarla el Papa.
En fin, en el campo eclesial, hemos vivido un sucederse rápido y profundo del pontificado de Juan Pablo II, a Benedicto XVI, a Francisco. Debo decir que nos hemos visto iluminados por la abundancia y riqueza del Magisterio del Papa con su visión amplia de la realidad, su actitud positiva ante el mundo, sin desconocer sus enormes desafíos, y su claridad profética para enfrentarlos. Sus gestos, sus opciones, su empeño de renovación profunda de la Iglesia para volverla siempre más a Cristo, al Evangelio, a los pobres, su forma de entender la autoridad, su forma de comunicarse con todos, hecha de inmensa simpatía y apertura, no sólo están dándole una increíble autoridad moral a su persona, sino también una nueva aceptación del cristianismo, de la fe, de la Iglesia.
La identidad cristiana está siempre en movimiento y el seguidor es experto en el “sentido” más que en las técnicas. Desde esta perspectiva, no será un “fanático” sino uno que posee las razones de su esperanza.
Contemporáneamente a la maduración de la mentalidad el seguidor de Jesucristo se preocupará por las opciones, por las actitudes, por los comportamientos prácticos. Algunas palabras de Jesús alertan sobre la división entre el pensar y el obrar, entre el profesar y el hacer: “No quien dice Señor, Señor, entrará en el Reino, sino quien hace la voluntad del Padre”.
La fe exige un juicio concreto sobre el valor de las diversas opciones. Hoy este juicio no carece de dificultad. Frecuentemente conviven en la misma persona juicios ideales aceptables y formas de actuar discutibles.
¿Quiénes son los seguidores de Cristo y cómo se los distingue? Cuál era el credo de los primeros cristianos, es decir la lista de proposiciones a las cuales adherían mentalmente, los paganos no lo captaban inmediatamente y muchos ni lo entendían. Pero veían su estilo de vida: se amaban unos a otros como hermanos prescindiendo de nacionalidad, color y condición social; lo demostraban poniendo en común los bienes de modo que nadie pasara miseria; participaban juntos a la oración, eran en el ambiente elementos de reconciliación y elevaban el tono de la convivencia.
Poco tiempo después, la carta de un testigo a un pagano interesado en el cristianismo hacía notar que socialmente los cristianos no se distinguían de los demás: ellos participaban en la vida de la ciudad, se movían en las plaza y mercados como los demás, vestían y trabajaban como los otros ciudadanos. Pero individuaba algunas señales para descubrirlos: “maravillan a todos por su manera de estar juntos que tiene algo de extraordinario; cumplen con lealtad sus deberes de ciudadanos; se casan como todos y tienen hijos, pero no abandonan a los recién nacidos; son hombres, pero no actúan siguiendo el propio interés; obedecen a las leyes del estado, pero con su vida van más allá de la ley; son pobres, pero enriquecen a muchos”.
El seguir a Cristo se manifiesta en el culto y en la religión, pero no es sólo eso. Hay verdades, expresadas imperfectamente en proposiciones, a las que asentir; pero no como fin a sí mismas. El todo tiende a transformar la vida: los sentimientos, las actitudes, los comportamientos, las costumbres, para que correspondan a nuestra realidad de hijos de Dios, hermanos de Jesús, hombres y mujeres habitados por el Espíritu, fermento de la realidad en que vivimos.
Un programa completo para la mentalidad y la vida el seguidor lo encuentra en las Bienaventuranzas. Jesús las pronunció en un escenario estupendo que aún hoy nos impresiona: el monte, el verde declive, el lago, el sol brillante y cálido, que por la configuración del terreno llega a todas partes, el horizonte: una imagen impactante de la luminosidad y transparencia de la vida.
Las palabras ya entonces resonaban como grandes aspiraciones, pero se fueron cargando de significados aún más importantes en el correr del tiempo: hambre y sed de justicia, pureza de corazón, verdad en palabras y autenticidad en el obrar, pobreza, misericordia, paz, constancia en el bien, confianza en Dios.
Añadió promesas de bienes que comprenden y superan los deseos humanos: el reino de los cielos, la posesión de la tierra y de los corazones, la visión de Dios, la realización del deseo de felicidad, el gozo definitivo que nadie puede quitarnos.
Las Bienaventuranzas son el anuncio de un don presente, actual, que ya obra en el seguidor. Configuran el rostro y plasman el alma de quien ha nacido de Dios y lleva en sí el signo de este nacimiento. Al mismo tiempo proponen un compromiso frente a la vida y a la historia: realizar visiblemente los bienes anunciados, sembrarlos en nuestra época y darles visibilidad; apostar sobre su valor para la felicidad propia y de los demás: que la persona encontrará en ellos lo que su corazón busca y la historia su punto de consistencia y su plenitud.
Las Bienaventuranzas expresan el punto más alto del amor y de la gratuidad de parte de Dios y de parte del seguidor de Jesús. Se ha hablado de ellas como de una propuesta sin límites, abierta al infinito de la generosidad. Su significado se va entendiendo poco a poco a medida que se penetra la totalidad del Evangelio.
La paradoja cristiana consiste en entregarse a una aparente debilidad para buscar un bien duradero, en aceptar una derrota del momento esperando un eterno triunfo. Es, en efecto, debilidad para la mentalidad corriente la pobreza entendida no solo en sentido material, sino como capacidad de dar espacio a los proyectos de Dios antes que a los propios. Parecen derrota la mansedumbre y el espíritu de paz, cuando en el mundo prevalece la dureza contra los competidores, los adversarios, los diversos. Es locura ponerse de lado a sí mismo para buscar la solidaridad y compartir con los últimos, pensando que de ellos recibimos más de lo que donamos.
Por otro lado, la gente queda asombrada cuando se topa con quien sabe realizar todo eso. ¡Ha encontrado a uno que cree!

• Haciendo un ejercicio de imaginación ¿Qué cree usted que nos diría Don Bosco a la Familia Salesiana?
Creo que, después de haber celebrado el bicentenario de su nacimiento, Don Bosco nos invitaría a volver a él para comenzar de nuevo con renovado entusiasmo este tercer centenario. Esto significa conocerlo más profundamente, y para ello hoy disponemos de una historiografía crítica que nos permite rehacer con él camino exterior e interior que recorrió buscando siempre responder a la voluntad de Dios y a las necesidades de los jóvenes, especialmente las de los jóvenes más pobres, abandonados y en situación de riesgo psico-social.
Don Bosco nos pediría hoy volver a los jóvenes andando a buscarlos allí donde se encuentran, sin esperarlos a que vengan a nosotros, acogerlos sin prevenciones, escucharlos en sus aspiraciones más profundas pero también en sus desencantos, caminar junto con ellos, crear oportunidades para el desarrollo de sus energías de bien y de sus talentos y dimensiones, y progresivamente ayudarles a descubrir proyectos de vida para una eficaz integración en la sociedad, a encontrar su lugar en la Iglesia y, sobre todo, el sueño de su vida.
Don Bosco nos pediría hoy que buscáramos y lográramos, como Familia Salesiana, un mayor conocimiento recíproco, una formación conjunta y, en la medida de lo posible, una colaboración en la realización de la misión.
En fin, nos pediría que dejáramos más espacio en nuestra vida a la presencia materna de María Auxiliadora para que continúe acompañando y guiando nuestra familia espiritual apostólica, y nos haga descubrir lo que el Señor espera de nosotros: mayor celo misionero, mayor compromiso por los más pobres y marginados, mayor entrega a Jesús, a la construcción de su Reino.

 

Entrevista. Alberto López Escuer