¡¡Qué bien que viene Loyola!!

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Se acerca el encuentro de Loyola. ¡Me parece tan importante!
Quizá porque yo estos dos últimos años no he podido disfrutarlo. El trabajo, ya se sabe…
Es un tiempo corto, pero intenso.
En Loyola nos encontramos y saboreamos…
Reflexionamos, dialogamos, proyectamos nuestro futuro… y charlamos, compartimos confidencias, pastas y pacharán; trasnochamos, cotilleamos, nos reímos, lloramos y, a veces, hasta discutimos. Porque somos hermanos… y eso es lo que han hecho los hermanos toda la vida de Dios o ¿no?
En Loyola celebramos juntos lo que somos y lo que queremos ser…
Rezamos por los que estamos, los que no han podido venir, por los que ya no están y los que algún día llegarán…
Vemos como crecen los hijos de los demás y nos damos cuenta de lo que han crecido los nuestros… o nos acordamos de cuándo venían… o sentimos el inmenso gozo de volverlos a tener con nosotros…
Conocemos a nuevos hermanos y vemos cómo crece la familia…
Nos enamoramos de San Ignacio y queremos convertirnos como él, llenarnos de ese ardor ahí, donde él lo sintió por primera vez; y nos volvemos a enamorar de Don Bosco… y nos sentimos de nuevo pequeños, acurrucados en el manto de nuestra madre Auxiliadora…
Y nos revitalizamos, de mente y espíritu… De cuerpo, menos; porque no le damos mucha tregua ni descanso…
En Loyola soñamos, hacemos mil planes, que luego no nos da tiempo a poner en práctica; y se nos ocurren mil cosas para el día en que podamos…
En Loyola somos y hacemos nuestra vocación y la incubamos para que de fruto allá donde luego vayamos…
En Loyola…
Es un tiempo corto, pero tan intenso…
¡¡Qué bien que viene Loyola!!
Irune López
Barakaldo SDB