Todos los Santos: CASTAÑAS PARA TODOS

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Me han pedido que escriba este pequeño artículo sobre este pasaje de la vida de Don Bosco; pero en clave de humor. Prefiero empezar pidiendo disculpas a todas aquellas personas que lo puedan llegar a leer por si acaso es una castaña. Y es que un servidor no es guionista del club de la comedia ni mucho menos, aunque reconozco que me gusta.
Empecemos por definir la castaña. La castaña, como dice el diccionario, principalmente es el fruto de diversas plantas, especialmente el del castaño, del tamaño de una nuez y cubierto de una cáscara correosa. En pocas palabras, el primo lejano y feo de los frutos secos, que parece que es de la familia pero no. Además me imagino al primer ser humano que se encontró una castaña, la miró allí en el suelo y le dijo a su compañero: cuidado con eso que pincha que vete tú a saber si tiene vida propia, písalo, písalo. El compañero que era más listo (en la prehistoria ya había diferentes coeficientes intelectuales, sino a ver cómo inventaron la rueda) le sacudió con una piedra, el fruto se abrió y apareció la castaña. Pues esto igual se puede comer. Pues igual si. Y si lo asamos… pues igual si pero primero tenemos que inventar el fuego… Pues vaya castaña que hemos encontrado… Y de aquí a pareció el término castaña. Lo de las castañas asadas lo dejaron para más adelante.
Para mí, la castaña es un fruto bipolar. Algunas veces puede ser bueno y otras malo (que se lo digan al de las cavernas) Por ejemplo si dices “que castañazo me han dado…” pues no significa que te lleves para casa una bolsa con cinco kilos de castañas ni mucho menos. De este tipo de castañas cuantas menos nos llevemos en el bolsillo mejor. El problema de estas castañas es que duran bastante tiempo y no puedes tirarlas o dejarlas, ellas se van desgastando poco a poco, hasta que desaparecen… y tus moretones también. Todavía tengo el de hace tres meses cuando fui a andar en bici y un avispón que se me cruzó por el camino me hizo acercarme precipitadamente al suelo.
Para los amigos de la noche, tampoco tiene buenos recuerdos, más que nada por cómo pueden volver a sus respectivas casas, si las encuentran. Si dices de alguien “menuda castaña se ha cogido”, esa persona no se ha pasado horas por el monte recogiendo castañas precisamente. Vamos, que la única madera que verá en todo el día es la del rodillo de la cocina esperándole en la puerta de casa.
También, cuando tenemos mucho frío, decimos que nos castañetean los dientes. Aunque para esto tenemos una solución muy sencilla: una docenita de castañas calentitas al bolsillo del pantalón y ya tenemos estufa móvil. Esto lo puede practicar todo el mundo menos los esquimales. ¿Os imagináis el trenecito de los de asar castañas allí en el polo? Ese tren lo enciendes y en dos minutos se te ha hundido en el hielo y las castañas asadas se las come una ballena beluga de esas o alguna morsa con ganas de probar un menú distinto al del pescado ártico. Y ríete tu del calentamiento global… Enciendes tres trenecitos de estos de castañas por esas tierras y adiós a los casquetes polares.
¡Toma castaña! Esto tampoco está bien. No es que te den una castaña o que te la tiren a la cabeza (esto es un castañazo y ya lo hemos contado) Significa que te alegras de las desgracias ajenas y no es plan para un buen cristiano…
Tampoco está bien visto que te saquen las castañas del fuego. Básicamente es que te mereces un castañazo pero como somos buenas personas, te vamos a ayudar con los problemas que tengas. En definitiva, que se te pega el cocido y te echamos una mano para que no nos quemes toda la casa…
Aunque dentro de todas las acepciones que tiene este peculiar fruto, no todas son negativas. Cuando estamos eufóricos por algún hecho que nos ha hecho realmente felices (si, puede ser que el Athletic haya ganado hace 5 minutos, o el Villareal… cada uno se alegra por el equipo del que elige ser) decimos que estamos como unas castañuelas. Por cierto, las castañuelas los que mejor las tocan son los chinos. Nosotros ya somos torpes con sus palillos y por similitud también con este artefacto de música tradicional. Creo que con el próximo iphone van a regalar un par de ellas. Eso sí, inalámbricas y con bluetooth incorporado.
Como unas castañuelas debieron de sentirse todos aquellos jóvenes que vieron aquel domingo de 1849, celebración de Todos los Santos, las castañas que repartió Don Bosco no se acababan nunca pese a lo pequeño de la bolsa que tenía en sus manos. Ya quisiera Tamariz tener esta habilidad para él. Además aquellas castañas eran de las buenas, no como las de los cavernícolas de la primera parte de nuestra historia. El amor que tenía hacia sus muchachos, su fe y su esperanza en un mundo mejor hicieron que las pocas castañas que había preparado mamá Margarita llegasen para todos, sin faltar nadie. Incluso sobró una ración, la suya. Y es que Dios le tenía reservada para él su ración de castañas.
Hermanos y hermanas, seamos capaces de repartir y recibir castañazos de amor y felicidad allá por donde vamos, sin miedo a lo que pueda pasar, porque en algún lugar, seguro que nos estará esperando nuestro buen amigo Don Bosco para darnos esa ración de castañas tan especial. Además, este castañazo tan especial no requiere de ningún tipo de cocinado, ni casco para protegerse. Solamente tener los brazos bien abiertos y corazón enorme.
Feliz día de Todos los Santos.
Paco
Grupo de Formación Barakaldo SDB