Rechazado en su propio pueblo

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DOMINGO-14-TO-B. 
En el evangelio que se proclama en el domingo XIV del tiempo ordinario, se recuerda que Jesús regresó alguna vez a su tierra. Se supone que se trata de la aldea de Nazaret donde se había criado. El sábado fue a la sinagoga, como era su costumbre, y se puso a enseñar. El texto nos dice que sus vecinos se quedaron asombrados. ¿De qué asombro se trata? Nos asombra la verdad, pero también el error. Nos asombra la belleza, pero también la fealdad. Nos asombra la virtud, pero también el vicio. Aquí no se trata del asombro complacido de quien comparte y agradece los puntos de vista del Maestro. Es el asombro escandalizado de quien no está dispuesto a aceptar la enseñanza que recibe. Jesús es rechazado en su propio pueblo y por sus convecinos de siempre. Reconocen que habla con sabiduría. Y parecen informados de los milagros que hace. El evangelio de Lucas sugiere que lo rechazan por la universalidad de la salvación que predica. Pero el evangelio de Marcos no se refiere tanto al mensaje como al mensajero. Las gentes de su tierra rechazan a Jesús porque lo han visto siempre. Lo conocen bien y conocen a toda su familia. Desconfían de él. No pueden aceptar que un profeta haya salido de su mismo entorno. Lo ordinario no les parece relevante. La salvación no puede revestirse con los colores de lo cotidiano. Desearían un mensajero extraordinario. Ante esta situación, el evangelio recoge una sola frase de Jesús: “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa”. Una frase que parece un antiguo proverbio. Pero que alcanza aquí una hondura dramática.
• En primer lugar, y como hace en otras ocasiones, el evangelio de Marcos parece explicar a los cristianos primeros por qué Jesús fue ignorado o rechazado. Estaba en juego la dificultad de la fe de los que no habían visto a Jesús. El caso de sus convecinos más cercanos les recordaba que no basta la cercanía física parar creer.
• En un segundo momento, esta frase es una interpelación para los creyentes de hoy. Especialmente para los creyentes más asiduos a la práctica religiosa. Es verdad que hay creyentes no practicantes. Pero también puede haber entre nosotros practicantes no creyentes. La cercanía al culto no nos hace contemplativos.
• En tercer lugar, la frase de Jesús refleja justamente lo que hoy ocurre con la Iglesia y su mensaje. Los países de vieja tradición cristiana cuentan con espléndidas catedrales. En muchas familias ha habido sacerdotes o religiosos. Las gentes conocen o creen conocer la doctrina y la vida cristiana. Pero han decidido rechazarla. Son los vecinos incrédulos.
-Señor Jesús, danos la humildad necesaria para aceptarte como eres, no como nosotros desearíamos imaginarte. Que tu palabra nos sorprenda siempre. Y que tu cercanía no sea para nosotros un motivo de escándalo o de increencia.
Amén.

 

José Ramón Flecha