Un año de retomar contacto, de avivar las ascuas.

Iratxe 02

Lo justo para explicar mejor mi primer año de formación en Cooperadores sería comprender cómo aparezco en este lío. La culpa (como siempre) la tiene un café con una gran persona, que me anima a participar en esta locura y así conocer poco a poco qué hace un Salesiano Cooperador. Este, ha sido un año de retomar contacto, de avivar las ascuas.

La llama no estaba apagada, por supuesto, pero sí muy poco alimentada. Don Bosco y Mª Auxiliadora siempre han estado presentes en mi familia. No eran “elementos” extraños que aparecen de repente en mi vida, sino que formaban parte de ella desde el momento en el que nací. Los viví de una manera natural, de la misma forma que quiere un bebé a su aita o a su ama. Y así lo estoy intentando hacer con mis hijos, que su presencia ellos también la vivan de forma natural.

Empecé la formación pensando en mí, de una manera egoísta,… pero realmente creo que era una necesidad que tenía hace tiempo de volver a mis orígenes, algo que me hacía falta. Tenía dudas de empezar en esta historia, pero sabía que lo necesitaba, que era lo que me faltaba.

Y se me notaba.

También la catequesis familiar de mi hija mayor, ha hecho que fuera más consciente de esa necesidad, que mi época de letargo debía acabar.

Hay camino por recorrer, desde luego, pero estamos acompañados por grandes personas. Están junto a nosotros cada reunión, compartiendo experiencias y rascando un poquito cada vez más profundo en nuestro interior.

Ha sido un año de darse cuenta que la rutina te arrastra y no te deja ver lo importante, no te deja ver lo necesario qué es transmitir lo que durante tantos años te han enseñado, lo que has escuchado, lo que has vivido, compartido…lo que has visto hacer a los que te han acompañado durante todas las épocas de tu vida.” Esos y esas” que sin darse cuenta, o sí, estaban siendo guías de un camino que a día de hoy lo vamos completando entre todos.

El carisma que tenemos, no nos lo podemos quedar en nuestras familias, sino trasladarlo a todas las áreas de nuestra vida. No debemos tener miedo a transmitirlo.

Este año ha servido para darme cuenta que la “salesianidad” que llevamos en la sangre, el carisma salesiano, no desaparece, puede estar infrautilizado pero hay una necesidad de ponerlo en práctica y de contarlo a todos, a los jóvenes y no tan jóvenes…

Carisma salesiano y vocación son palabras que últimamente retumban más en mi cabeza y cogen sentido cuanto más unidas están. Espero que siga cogiendo forma con la ayuda de todos vosotros.

Y creo que este año he dado un pasito para ello.

No sería quien soy sin el carisma salesiano.

Iratxe

Grupo de formación de Barakaldo