Carta del Rector Mayor al concluir el II Seminario sobre la promoción de las Causas de Beatificación y Canonización en la Familia Salesiana

 

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Roma, 20 de mayo de 2018 Solemnidad de Pentecostés

Carta del Rector Mayor
al concluir el II Seminario sobre la promoción
de las Causas de Beatificación y Canonización en la Familia Salesiana
Queridos Superiores, Superioras y Responsables de la Familia Salesiana. Queridos Inspectores y Animadores y Promotores de las Causas.

La celebración del II Seminario para la promoción de las Causas de Beatificación y de Canonización en la Familia Salesiana, tenido en Roma del 10 al 14 de abril de 2018, con la participación de unas 90 personas provenientes de diversas partes del mundo, ha sido un acontecimiento de gracia que hay que valorar dentro del camino espiritual y pastoral de la Familia Salesiana.

El encuentro ha resaltado cómo el camino y los testimonios de santidad en la Familia Salesiana son, en primer lugar, un don del Espíritu Santo que acogemos con humildad y gratitud. Estas realidades confirman que no basta poner en marcha servicios o hacer cosas, sino que lo que importa es ir con Jesús y llevar a Jesús, anunciando la alegría del Evangelio.

Desde Don Bosco hasta nuestros días reconocemos una tradición de santidad a la que merece la pena prestar atención por ser encarnación del carisma que surgió con él y que se ha ido manifestando en una gran pluralidad de estados de vida y de formas. Se trata de hombres y mujeres, jóvenes y adultos, consagrados y laicos, obispos y misioneros que, en contextos históricos, culturales y sociales diversos, tanto en el tiempo como en el espacio, han hecho brillar con luz propia el carisma salesiano. Son un patrimonio que ejerce una función eficaz en la vida y en la comunidad de los creyentes, y también entre los hombres de buena voluntad.

Como manifesté en mi intervención de clausura, “quisiera mirar a nuestros santos o beatos, y a todos los miembros de la Familia Salesiana que avanzan hacia la santidad reconocida, como acompañantes en los caminos y en la vida del Espíritu. El testimonio de su vida, su vivencia vocacional, y también sus escritos, son para nosotros referencias de vida para aprender a ponerla toda entera bajo la

dirección del Espíritu Santo, para ser sensibles a la escucha de sus inspiraciones y mociones”.

El año en que la Iglesia va a dedicar un Sínodo de los Obispos al tema de los jóvenes, a sus caminos de fe y de vocación, me satisface que se haya tratado no solo de los santos jóvenes que hay en la Familia Salesiana –podemos contar hasta 45 que tienen menos de 30 años y que son una prueba del dinamismo del espíritu salesiano encarnado en muchachos y muchachas, adolescentes y jóvenes–, sino también de la juventud de los santos como expresión de la acción de Dios, con modos muy variados, en la vida de las personas.

Con ponencias de gran calidad, unido a momentos de compartir y de trabajo en grupos, este encuentro ha alcanzado el objetivo de presentar los contenidos y los procesos que ayudan a seguir y comprobar los presuntos milagros; pero, sobre todo, ha servido para confirmar que la promoción y diligencia de las Causas de Beatificación y Canonización en nuestra Familia impulsan dinámicas de gracia que suscitan alegría evangélica y sentido de pertenencia carismática, porque renuevan propósitos y compromisos de fidelidad a la llamada recibida, y generan fecundidad apostólica y vocacional.

Este seminario, cuya tercera edición será del 13 al 17 de abril de 2021, permite hacer algunas reflexiones respecto de la Postulación General y las realidades que ella coordina a nivel local, y que, además, interpelan al Gobierno de la Congregación y sus dicasterios, para irradiarse después en las realidades locales, animadas por las Inspectorías y la Familia Salesiana, en colaboración con las Iglesias locales. Es un ritmo binario o, si se prefiere, una doble vía ––institucinal y pastoral–– para trabajar en sincronía, complementándose, tal como aparece en algunos de los desafíos que se han señalado y que debemos recoger y afrontar:

1) Continuar en la Familia Salesiana, en comunión con las Iglesias locales, la promoción de las Causas por medio de iniciativas que permitan conocer, imitar y rezar a nuestros candidatos a la santidad. Me pregunto en forma de provocación:
¿Nos atrevemos a invocar a nuestros Beatos, Venerables y Siervos de Dios?
¿Creemos en la comunión de los santos? ¿Confiamos en su capacidad de intercesión?

2) Sincronizar mejor la doble vía ––Gobierno y Posstulación General–– con personas que, a nivel local, asuman la responsabilidad de acompañar nuestras Causas, mantenerlas activas, y difundir la veneración a los Siervos/Siervas de Dios, a los Venerables, a los Beatos, en comunión con la Iglesia local. Vicepostuladores, colaboradores, promotores deben sensibilizar, informar, activar intervenciones ante los obispos locales y los superiores. Hay que moverse; no se puede esperar pasivamente a que lluevan de arriba indicaciones y decisiones. Hay que ser responsables y corresponsabilizar, con espíritu de comunión eclesial y de creatividad pastoral. Una primera iniciativa podría ser la de organizar en las Iglesias locales y en el ámbito de la Familia Salesiana una jornada para presentar y divulgar los contenidos del Seminario.

3) Acrecentar nuestra sensibilidad sobre la importancia del milagro y de su necesidad para el buen resultado de una Causa. A la luz de las intervenciones del Card. Amato, de Mons. Pellegrino y del P. Turek, es preciso reflexionar sobre

estos dos aspectos: lo científicamente inexplicable y la intercesión. Hay que comprometerse a rezar y hacer que se rece a nuestros candidatos a los altares, venciendo la indolencia y la superficialidad espiritual. También aquí pregunto:
¿Nos parece importante rezar para obtener milagros o, por el contrario, creemos que ya se acabaron los milagros? “Si no rezamos a los Beatos y a los Venerables, no obtendremos milagros de Dios”.

4) Valorar la poliédrica riqueza de la única Familia Salesiana, compuesta por 31 realidades diferentes, algunas de ellas caracterizadas por una forma esencialmente laical: una riqueza que de algún modo es única en la Iglesia. Esta riqueza que se expresa a nivel de carisma, puede traducirse también en nuevas modalidades de colaboración para las Causas de Beatificación y Canonización, con todo lo que implican y el auténtico movimiento de Iglesia que suscitan.

La santidad reconocida o en vías de reconocimiento, por una parte ya es realización de la radicalidad evangélica y de la fidelidad al proyecto apostólico de Don Bosco, a quien debemos mirar como fuente espiritual y pastoral; y por otra, es provocación para vivir con fidelidad la propia vocación estando dispuestos a testimoniar el amor hasta el extremo. Nuestros Santos, Beatos, Venerable y Siervos de Dios son la autentica encarnación del carisma salesiano y de las Constituciones y Reglamentos de nuestros institutos y Grupos en el tiempo y en las situaciones más diversas, venciendo aquella mundanidad y superficialidad espiritual que minan las raíces de nuestra credibilidad y fecundidad. Ellos son verdaderos místicos de la primacía de Dios en la entrega generosa de sí, profetas de fraternidad evangélica y servidores de sus hermanos con creatividad.

Doy gracias al Señor por la gracia de este Seminario que nos ha hecho apreciar aún más el misterio de la comunión de los Santos y nos ha insertado en lo que, con lenguaje artístico, el Beato Angélico llamaba el “corro de los santos” y que, en clave salesiana, es como un “juego del Espíritu” que nos permite encontrarnos y caminar juntos por la senda alegre y comprometida de la santidad. Este tipo de iniciativas son instrumento privilegiado para alentar en todo el pueblo de Dios aquella común vocación a la santidad tan querida en nuestra tradición salesiana y a la que nos invita el papa Francisco en su Exhortación Apostólica Gaudete et exsultate.

Que nuestra Madre, María Auxiliadora, dada a Juanito en el sueño de los 9 años como “la maestra, bajo cuya enseñanza se puede llegar a ser sabio y sin la cual toda sabiduría resulta necedad”, nos tome de la mano y nos acompañe con mirada materna en el camino de la santidad.

 

 

Ángel Fernández Artime

Rector Mayor