Pedro Aguado: “Creo que en el tiempo que vivimos, hay algunos desafíos específicos que influirán mucho en las Escuelas Pías”

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El Padre Pedro Aguado es Superior General de los Escolapios, en esta entrevista  entre otros temas nos habla de su vocación, los retos a los que se enfrentan los Escolapios, su día a día intenso donde Dios está muy presente  

 

1.- ¿Cómo conoció a los Escolapios?

Yo fui alumno de los Escolapios desde niño, en el Colegio Calasancio de Bilbao.  Ahí les conocí y conocí a San José de Calasanz. Y me entusiasmé con la misión escolapia. No tengo duda de que mis años en el colegio fueron decisivos para configurar mi vocación escolapia.

 

2.- ¿Cómo sintió la llamada a la vida religiosa? ¿Por qué Escolapio?

Yo sentí la vocación en mis años escolares. En el colegio vivía un ambiente religioso, con un dinamismo pastoral muy rico y muy fuerte. Teníamos experiencias de ejercicios espirituales, de trabajo solidario, de grupos de fe, de acompañamiento. Y poco a poco, en este contexto, un joven se atreve a hacerse la pregunta esencial: ¿qué es lo que Dios quiere de mí? O lo que es lo mismo, ¿qué es lo que hay en el fondo de mí mismo y que quero llevar a plenitud? Y desde ahí, poco a poco, fui configurando la respuesta. También fue decisiva mi experiencia familiar, porque me ayudó a crecer con alegría y con fe.

Creo que soy escolapio porque crecí en un colegio escolapio, me entusiasmé con la vida y misión escolapias, y me decidí con claridad. Pero una vez tomada la decisión, el reto es crecer, ser fiel, madurar, y encarnar con autenticidad la vocación elegida. Y eso es tarea de toda la vida. Sigo trabajando en ello.

 

3.- ¿Qué episodio de la vida de San Jose de Calasanz le llama la atención?

La vida de Calasanz es apasionante. Podría citar numerosos episodios de su vida para responder a esta pregunta. Pero se me pide sólo uno. Lo voy a intentar. Siendo ya muy anciano, el Papa toma la decisión de cerrar la Orden Escolapia fundada por él. Después de toda una vida de entrega y de lucha, la Iglesia le dice que no. Entonces, él escribe una carta extraordinaria a los escolapios que estaban ya por diversos países de Europa, y les pide cuatro cosas: manténgase unidos, sigan trabajando por los niños, confíen en Dios y no pierdan la alegría. Pocos años después, la Orden fue restaurada y creció, floreciente, por el mundo. Yo hago referencia muchas veces a estas palabas de Calasanz para animar la vocación de mis hermanos.

 

4.- ¿Cómo ve a los jóvenes respecto a la iglesia?

“Los jóvenes” es un concepto muy amplio. Hay muchos tipos de jóvenes y diversos estilos de relación con la Iglesia. Yo voy a responder pensando en los jóvenes cercanos a la fe, que tratan de vivir como cristianos. Yo les veo ansiosos de una Iglesia capaz de caminar con ellos y de construir con ellos una comunidad cristiana creíble en la que poder compartir el tesoro de fe que han descubierto. Ansiosos, esperanzados y dispuestos a luchar por ello. No les podemos fallar. No existe la Iglesia sin ellos.

 

5. ¿Qué estrategia cree que se debería seguir para que se acercaran a ella?

Sólo hay una estrategia: el Evangelio. Vivirlo con autenticidad; anunciarlo con audacia; proponerlo con cercanía; testimoniarlo en el día a día; tomar las decisiones organizativas y misioneras buscando honestamente que respondan al Evangelio; y, sobre todo, confiando en la capacidad de los jóvenes para vivirlo.

El desafío es convertir todo esto en opciones, en estilos de evangelización, en prioridades. Se puede y se debe hacer.

Pienso que todas las instituciones y comunidades de la Iglesia deben reflexionar sobre este desafío y tomar decisiones. Y estoy convencido de que un colegio es una plataforma extraordinaria para avanzar en esa vinculación de los jóvenes con la vida cristiana. Pero un colegio verdaderamente comprometido con la evangelización, sostenido y animado por una comunidad cristiana que sea su “alma”, capaz de proponer procesos pastorales completos a los jóvenes, bien ubicado en el conjunto de la vida eclesial y capaz de escuchar y proponer, capaz de acompañar también a los jóvenes cuando dejan la edad escolar, etc. Es decir, un colegio capaz de trascender sus propios límites para poder llegar a quienes buscan de modo nuevo.

 

6.- ¿Cómo es un día en su vida?

Cada día tiene su afán. Como General de una Orden religiosa que está extendida por todos los continentes, hay días muy diversos. Días de despacho, de aeropuertos, de entrevistas, de reuniones… Pero procuro que en cada día nunca falta la Eucaristía, la oración comunitaria y personal, el encuentro fraterno con los hermanos de la comunidad en la que esté, la comunicación vía correo electrónico con escolapios de todo el mundo y un buen rato de lectura. Mi misión es animar las Escuelas Pías como lo haría el fundador. Es un objetivo inalcanzable, pero me ayuda planteármelo.

 

7.- ¿Que sintió cuando fue elegido Superior General de los Escolapios?

En mi elección como Superior General viví una mezcla de sentimientos, que luego poco a poco fui ordenando y clarificando. Yo diría que sentimientos de responsabilidad, de confianza en Dios, de firme resolución para aceptar lo que se me pedía, y de paz interior. Y creo que esos sentimientos se mantienen hoy, nueve años después.

 

8.- ¿Qué retos piensas que deben asumir los Escolapios en el Siglo XXI?

Los retos son los mismos de siempre, pero en el contexto nuevo del siglo XXI. Los escolapios necesitamos vivir a fondo la vocación, convocar a otros a vivirla y seguir llevando adelante el reto de la educación integral, para todos, a lo largo del siglo XXI.

Creo que en el tiempo que vivimos, hay algunos desafíos específicos que influirán mucho en las Escuelas Pías, y pienso que en el conjunto de la Vida Consagrada. Estoy hablando de la interculturalidad; de la construcción de un nuevo sujeto escolapio junto con personas laicas identificadas con el carisma de Calasanz; de la dinámica “en salida” que el Papa Francisco está proponiendo para toda la Iglesia; de la generación de procesos educativos y pastorales integrales que acompañen la vida de los jóvenes hasta la edad adulta y que, junto con ellos, siga generando vida y misión escolapias, del imparable crecimiento en plataformas de misión, etc.

Vivimos, y viviremos, tiempos apasionantes. Algunos creen que son difíciles, pero yo creo que son extraordinarios.

 

9.- ¿Qué está aportando en su opinión el pontificado de Francisco a la iglesia?

Francisco está ayudando a la Iglesia a poner su punto de mira en lo central: en la vivencia y anuncio del Evangelio, en la preferencia por los pobres, en la lucha por una Iglesia más abierta, acogedora y promotora de justicia y misericordia. Sus gestos, sus palabras y su mensaje nos ayudan a ser conscientes de que la Iglesia no está para sí misma, sino para el Reino. Pienso que su pontificado está siendo un regalo para la Iglesia, y va a marcar profundamente nuestro próximo futuro en línea de misión, de autenticidad y de coraje apostólico.

 

10.- ¿Cómo se puede ser hoy signo y portador del amor de Dios?

El amor de Dios siempre nos desborda, y es más grande de todo lo que podamos hacer  transmitir. Nunca podremos ser signos plenos de ese amor, porque es más grande que el nuestro. Pero podemos hacer algo: crecer en conciencia del amor recibido, acompañar a las personas que Dios pone en nuestro camino para ayudarles a hacerse conscientes a su vez de ese amor, y viviendo nuestra fe y nuestra vida en profunda unión, de modo que los valores del Evangelio se expresen en lo que hacemos y decidimos cada día. Las personas sencillas y de fe, capaces de ver en el otro a un hermano, pueden ser pequeños signos del amor de Dios. Y esta es una vocación extraordinaria.

 

Entrevista: Alberto López Escuer