Pilar G. Almansa: “El teatro es un secreto en sí mismo”

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Hemos entrevistado para nuestra página Web a Pilar G. Almansa dramaturga y directora teatral. Una entrevista que transmite creatividad, amor por el teatro explorando nuevos horizontes que enriquezcan al espectador. Gracias Pilar por dedicarnos parte de tu tiempo con tanta amabilidad

1. ¿En qué momento de tu vida decidiste dedicarte a escribir y dirigir teatro?
Casi todos los que nos dedicamos a escribir y dirigir hemos empezado actuando. Yo no soy la excepción. Al regresar de Londres, tras tres años formándome y trabajando como actriz, intenté encontrar un espacio donde realizar creación colectiva… y no lo encontré. Hace de eso más de diez años, en aquel momento todo lo que no fuera el proceso creativo tradicional (primero el texto, luego la puesta en escena) parecía una excentricidad. Como no encontré un lugar en el que trabajar de la manera que mejor comprendía, decidí crearlo y pasarme a la dirección. Así nace ‘Superficie: vestimos a la Humanidad’. Fue un proceso durísimo, era mi primer trabajo como directora y dramaturga. La primera vez que te enfrentas a ello tienes que entender que todos los actores tienen más experiencia en su rol de intérprete que tú en tu rol de dirección, y por tanto generar dinámicas creativas de grupo puede resultar complicado. Pese a todos los problemas, descubrí que para mí era mucho más enriquecedor estar fuera del escenario. Ahí me quedé, ahí sigo.

2. ¿Cómo es Pilar G. Almansa como persona?
Soy optimista porque creo que el mundo puede mejorar, pero me frustra la lentitud de cambio de las inercias. El pesimismo me entra cuando escucho una conversación llena de falacias ad hominem, algo cada vez más habitual. Ahí me doy cuenta de que el ser humano tiende a confundir el qué con el quién. No separo el tiempo libre del tiempo de trabajo, porque el tiempo es único; de igual manera, soy política porque todo lo referente a la polis me concierne.
3. ¿Cuáles han sido tus referentes en el mundo del teatro?
Mucho teatro británico, sobre todo en la forma de afrontar el proceso más que en el resultado: Complicité, por su espectacularidad técnica; Peepolykus, por su sentido del humor; Shunt, por imaginación… Tadeusz Kantor, por la poetización biográfica y la intersección con lo performático. Y epifanías concretas, como el ‘Sueño de una noche de verano’, de Helena Pimenta, cuando decidí ser actriz, o ‘Life with an Idiot’, un montaje de Ben Harrison en The Gate, en el que comprendí que la grandeza de un montaje está en la inteligencia y el sentido del espectáculo con el que se hace, no en las dimensiones del escenario.

4. ¿Dramaturga, directora, el teatro tiene secretos para ti?
Un montaje es un proceso creativo de múltiples factores. Es una vivencia mucho más líquida que el cine, donde los procesos de producción son rígidos. Tienes una intuición de cómo vas a abordar el primer día, pero has de esperar al propio proceso para comprender cómo vas a abordar el último. El teatro es un secreto en sí mismo.

5. ¿Cómo es tu proceso creativo a la hora de escribir una obra y posteriormente dirigirla?
Hay textos que he escrito antes de ser dirigidos, pero habitualmente no funciono así. Me gusta escribir a pie de escenario, para mí es lo más natural. Para que te hagas una idea, en el espectáculo que estoy dirigiendo actualmente, Mauthausen, la voz de mi abuelo, la escaleta se ha configurado mediante la exploración de las posibilidades narrativas de la escenografía y el vestuario. Lo último que estoy haciendo es escribir. Por supuesto, para un proceso así hace falta contar con actores con este tipo de visión creativa, y en ese sentido soy muy afortunada por contar con Inma González, una fiera, creativa y pragmática, un lujo de artista.

6. ¿Cómo ves a los jóvenes respecto al teatro?
Los datos de asistencia a espectáculos en vivo de público joven en todo el mundo son desoladores, excepto en el West End y Broadway, que han incrementado asistencia a espectáculos en los últimos años, y Francia y Alemania, que se mantienen gracias a una política estatal proteccionista. Creo que el sector debería preguntarse qué está ocurriendo, cuál es su responsabilidad artística y de gestión de audiencias, y cómo deben situarse las artes en vivo en un contexto histórico-social lleno de experiencias narrativas y estéticas virtuales, atendiendo a los inevitables cambios en los patrones cognitivos que afectan a las nuevas generaciones. Hace falta ese planteamiento serio, autocrítico, que apunte a la ontología misma del espectáculo, poco complaciente, que no se alimente de consignas manidas sobre el teatro como enfermo que nunca perece o sobre su naturaleza milenaria. Es obvio que jamás desaparecerá la necesidad humana de representarse a sí mismo, y en ese sentido claro que el teatro jamás morirá; lo que no está tan claro es que vaya a sobrevivir en el formato creativo e industrial que conocemos hasta la fecha. Sobre eso es sobre lo que necesitamos pensar.

7. ¿Qué opinión te merece el panorama teatral en España?
Mentiría si hablara de España: el teatro es un fenómeno local, y como mucho, llena de cautela, podría hablar de Madrid, donde creo que se están removiendo estructuras de gestión cultural y creativas que permiten una movilidad artística entre circuitos que, si bien sigue siendo insuficiente, es mucho mejor que la de hace apenas diez años. Como sector, cada vez estamos mejor organizados y eso nos da fuerza; como artistas, creo que hay la suficiente variedad como para que cada espectador encuentre un espacio al que llamar hogar.

8. ¿Cuál de tus trabajos te ha marcado más?
Todo aquello en lo que pones de verdad tu corazón te deja una huella. El último trabajo que me dejó con el corazón al aire fue Banqueros vs. zombis, una apuesta muy difícil por muchos motivos. En lo tecnológico, la producción era tan complicada que ningún productor profesional se atrevió a llevarla, y acabé asumiendo ese rol; tres pantallas con vídeos independientes, una aplicación creada ad hoc para el espectáculo, un sistema de repetición de wifi para asegurarnos la cobertura en sala… más los rodajes de casi 20 vídeos diferentes. Huelga decir que no encontramos esponsor por el contenido del espectáculo: una explicación más o menos jocosa del funcionamiento del sistema financiero, en el que de manera explícita apuntábamos a la Troika y los bancos como responsables de diseñar un mecanismo perfecto de extracción de liquidez de la población. Era muy pedagógico, y quien entendía un poco del tema nos señalaba lo fidedigno de la dinámica que planteábamos. También fue difícil defender la envoltura de cultura pop, a caballo entre la ciencia ficción y la serie B, del espectáculo, que en ciertos entornos de la profesión no tiene (o no tenía hace tres años) buena acogida; utilizar zombis en una obra de teatro era “poco serio”, y la incredulidad se dibujó en muchas caras, excepto en la de Rafa Romero, entonces programador del Teatro Galileo, que apostó por nosotros desde el principio. Ahora, afortunadamente, parece que esos prejuicios hacia la inclusión de géneros tradicionalmente cinematográficos en los espectáculos en vivo, están empezando a desaparecer. Por último, la propia dificultad del proceso de escritura, que en este caso fue una mezcla de creación colectiva con los actores y dramaturgia de texto realizada entre Ignacio García May, Dolores Garayalde y yo misma: crear una dramaturgia interactiva para teatro es muy difícil, ya que tienes que tener en cuenta todos los elementos escenográficos, tecnológicos, de vestuario y de recursos humanos (los propios actores) para que la multiplicidad de líneas narrativas sea asumible por parte de los intérpretes. El reto fue mayúsculo y no contamos con el apoyo de ninguna institución, ni pública ni privada, excepto la colaboración del Instituto del Cine y La Kasa del Maquillaje. El teatro de ciencia ficción, inmersivo e interactivo empieza a ponerse de moda, quizá llegamos un poco antes de tiempo para conseguir el apoyo institucional necesario para hacer un espectáculo de estas dimensiones.

9. ¿Cuáles son tus próximos proyectos de trabajo?
Como te comentaba, estoy terminando Mauthausen, la voz de mi abuelo, en el que contamos el testimonio de Manuel Castillo, el abuelo de la actriz Inma González, que sobrevivió al campo de concentración. Más adelante empezaré a trabajar en otro texto, del que todavía no puedo adelantar nada, mientras lo combino con las lecturas dramatizadas de Neocracia, en el Pavón Kamikaze y dirigida por Diego Domínguez, Los cerdos voladores, en El Drac d’Europa, en Valencia, y Yo destapé la Gurtel, dentro de Audaces-365 WAY Segovia.

 

Entrevista: Alberto López Escuer