Con mis hermanas las salesianas

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Fue un día muy especial el 5 de agosto, las inspectorías de las Salesianas se unificaban pasando a ser una: “María Auxiliadora”. Fui testigo de este acontecimiento en Madrid. Una eucaristía significaba el comienzo de esta nueva andadura. Muchas personas nos dimos cita en una jornada tan especial.
Como siempre me pasa cuando vivo acontecimientos de tan profunda magnitud con mis hermanas salesianas, mi pensamiento se va a los orígenes de mi vocación salesiana. En esos inicios están ellas, las Hijas de María Auxiliadora, en mi Huesca natal. Ellas me acompañaron, guiaron mis pasos, me hicieron comprender y vivir mi vocación. Me fui de Huesca pero su espiritualidad me acompañó, la llevo en mi corazón. En mi manera de actuar, en mi ser Salesiano Cooperador, muchos nombres vienen a mi mente de hermanas que me enseñaron con su testimonio a ser signo y portador del amor de Dios a los jóvenes. Me siento, si se me permite la expresión, “un niño de las salesianas”, de los muchos que hay extendidos por el mundo en cada una de sus presencias. Les estoy muy agradecido. He tenido la gran suerte de poder visitar en varias ocasiones Mornese, la cuna de Madre Mazzarello, pero la última fue maravillosamente especial, fui con mi hija, los dos juntos nos asomamos a la ventana de la Valponasca , un lugar que habla de los cimientos vocacionales de “Maín”. En el camino de vuelta mi hija me dijo una cosa preciosa: “Papi ahora entiendo por qué quieres tanto a las salesianas”. Le había hablado antes de la vida de “Maín”, de las hermanas que había conocido en Huesca y en otros lugares, de que cuando estoy en una casa de las Salesianas me encuentro en casa. Por esto y por muchas cosas más, hermanas os quise, os quiero y os querré siempre.

Alberto López Escuer