¿Nadie ha visto jamas a Dios?Jn 14, 1-14

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Este fragmento del sermón de la Cena, el último discurso de Jesús en el cuarto evangelio, presenta la fe de los discípulos en Jesús, en varios aspectos fundamentales:
· El Primogénito. El va el primero. Es la cabeza del cuerpo que somos todos. Jesús resucitado no es simplemente el triunfador glorificado individualmente. Es el primogénito de los resucitados, la cabeza de puente de la humanidad en el reino definitivo.
· El camino. El domingo pasado Jesús se definía como “la puerta”. Nuestro acceso a Dios es Jesús. El nos ha hecho posible ver a Dios, de otra manera, incomparablemente superior a nuestra razón o a cualquier otra. Nuestra fe consiste básicamente en llegar a Dios por Jesús. Y por Jesús se llega a “Abbá”. Nuestra aceptación de ese Dios y de la manera de vivir que eso conlleva constituye la piedra fundamental de nuestra fe. Jesús es el camino. No simplemente sus palabras indican el buen camino. El es el camino, él es la Palabra, él es el hombre nuevo, él es Dios-con-nosotros, él es la Liberación, él es la Buena Noticia. Toda la fe del cristiano se basa en una adhesión a él.
· La verdad, la vida, es lo mismo. La vida queda revelada en Jesús. Lo que nosotros llamábamos vida, antes de conocerle a él, no es sino manifestación de “la vida”, que se muestra en Jesús Resucitado. Es la única Verdad definitiva, la verdadera esencia del hombre, del mundo.
La vida como camino, como búsqueda de verdad: Dios ayuda para caminar, espíritu para vivir, la verdad os hará libres…
· Muéstranos al Padre. En el momento definitivo de la vida de Jesús, Juan incluye la cumbre de su revelación. Esta es la verdadera Buena Noticia, que podemos conocer a Dios en Jesús, y qué Dios conocemos en Jesús. Creemos en Jesús visibilidad de Dios. ¿Qué está pidiendo Felipe? Sin duda “ver a Dios”, la más vieja aspiración, la misma de Moisés en Éxodo 33,18: “Déjame ver tu Gloria”. Y el Señor dejó entonces claro que no se puede ver su Rostro, que solo se le puede conocer “de espaldas”. Parece como si Felipe volviese a la más primitiva aspiración, como si estuviese pidiendo una “Teofanía” semejante a la del Sinaí, “ver a Dios cara a cara”. Y la respuesta de Jesús es la esencia de la fe cristiana: “Ya lo has visto”. Me has visto a mí, y es todo lo que puedes ver de Dios, y esto te basta.
Es uno de los núcleos esenciales el evangelio de Juan. Recordamos:
Juan 1, 18: A Dios nadie le ha visto jamás: El Hijo único, el que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer.
1ª Jn, 1,1: Lo que hemos contemplado con nuestros ojos, lo que han tocado nuestras manos acerca de la Palabra de la Vida…
Estamos hablando de Jesús “visibilidad de Dios”. Estamos hablando de que en Jesús conocemos a Dios: en sus Palabras reconocemos Palabra de Dios, en sus modos de actuar vemos cómo actúa Dios, porque en él reside la divinidad en plenitud, porque es el hombre lleno del Espíritu, porque “Dios estaba con él”. Es este un domingo para refrescar la fe, para ir a lo más íntimo, para re-encontrar las raíces de nuestro ser cristiano. “¿Creéis en Dios?”
Tenemos que contestar: “Solo creo en el Dios de Jesús”, es decir, “solo creo en un Dios, el Padre, al que hemos conocido en Jesús, ese hombre lleno de su espíritu”. “No tendrás otros dioses delante de mí”, decía el segundo mandamiento del Decálogo del Éxodo. No tendrás otro Dios que el Padre, conocido en Jesús, manifestado en Jesús, visible en Jesús. Es el desafío de los cristianos, de la iglesia entera: tener solamente el Dios de Jesús. El Creador, el Juez… quedan detrás, reducidos casi a su dimensión de filosofía, de conocimiento por la deducción de la razón humana… Yo creo en Dios luz, en Dios sal, en Dios camino, en Dios pastor, en Dios médico, en Dios pan, en Dios vino, en Dios agua, aire y viento: creo en mi Madre Dios, manifestada en Jesús.
Creo en un solo Dios, no hay más Dios que Él, y en Jesús lo hemos podido ver. Es la esencia de la fe de los cristianos. Y la fe queda definida por esas mismas palabras del Evangelio de hoy: fiarse de Jesús. Fíate de Jesús, acepta a Dios como se ve en Jesús. La fe es un acto de confianza: ¿Por qué crees en Dios médico, sal, camino, pastor, madre…? Porque, de Jesús, me fío. La esencia de nuestra fe. Luego vendrá nuestra curiosidad por explicar en qué consiste esa deslumbrante presencia del Espíritu en Jesús, y hablaremos de la encarnación, de la Segunda Persona hecha hombre, de Dios y hombre verdadero…
Está todo muy bien. Necesitamos comprender, nos esforzamos por comprender.
Y siempre nos encontramos con que nuestras explicaciones acaban en absurdos, porque estamos hablando de Dios, que supera absolutamente nuestra capacidad mental, porque nuestra mente es un cesto y Dios es agua, porque nuestra mente son unas manos y Dios es viento, y nuestro cesto queda mojado, pero no encierra a Dios, nuestras manos sienten el viento pero no lo agarran… y seguimos prefiriendo a Jesús, que nos hace a Dios visible, a Jesús en el cual vemos que nos podemos fiar de Dios.Ese es el buen Camino, la más profunda Verdad, lo que hace que vivir sea verdaderamente Vida.
La objeción de Tomás “no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”, y la respuesta de Jesús “Yo soy el camino”, me recuerdan mucho a una famosa frase de Pedro Arrupe: “No sé a dónde vamos, pero vamos bien”. Pedro Arrupe, uno de los muchos profetas crucificados en el último cuarto del Siglo XX, decía esto indicando que en la sociedad actual, de cambios tan frenéticos, no es posible tener la clarividencia de prever el futuro, de la Compañía, de la Iglesia… Pero sí es posible saber si vamos por buen camino. Arrupe quería decir que la Compañía caminaba hacia más sencillez, menos soberbia, más servicialidad, más atención a los pobres y a la justicia, más oración, más sentido de “mínima” que de gloriosa… buen camino, por ahí vamos bien, Dios sabe hacia dónde.
Y sería una buena reflexión para los momentos actuales de la iglesia. Algunos quizá crean que saben hacia dónde hay que ir. Pero sería mejor pensar en si vamos por buen camino. Si vamos por el camino de Jesús. Me permito sugerir algunos puntos de test para diagnosticar si vamos por buen camino.
· Nuestra teología: ¿vamos por el camino de las parábolas o por el camino de la metafísica? ¿Vamos por el camino de la sencillez de Jesús o de la complicada filosofía?
· Nuestra presencia en el mundo. ¿Levadura o espectáculo? La levadura se esconde, se confunde en la masa, no se ve, actúa desde dentro y en silencio. El espectáculo son fuegos artificiales que meten gran estrépito y pasan sin que nada quede de ellos. Jesús no dio espectáculos.
· Estar con la gente normal, más cuanto más pobres, ser gente normal, vivir habitualmente en sencillez, en familiaridad, en colaboración, o subirse a los dorados esplendores del Templo para impartir doctrina desde la riqueza y la seguridad. Hacer de la vida cotidiana una ofrenda a los hermanos o delegar en una pomposa casta sacerdotal los sacrificios sagrados.
· Celebrar la eucaristía fraternalmente, alrededor de la mesa, entender y compartir la Palabra, entenderse como grano de trigo molido y granos de uva estrujados para ser pan y vino para el mundo, comulgar con los demás al comulgar con Jesús el Pan y el Vino entregado por todos… o asistir a ceremonias semejantes a los sacrificios de Caifás en el Templo de Jerusalén.
· Ser aplaudido o ser hostigado. ¡Ay de vosotros cuando todo el mundo os alabe y hable bien de vosotros! Así trataron vuestros padres a los falsos profetas. La señal de Jesús no es el aplauso de las naciones, sino la persecución. Si nos aplauden las naciones, es que somos de su cuerda, que no molestamos. Por eso sabemos que en la Iglesia hay mucha gente en el buen camino, en el camino de Jesús, porque son perseguidos, marginados, silenciados, asesinados, no canonizados….
Es una buena señal, hay Espíritu de Jesús en la Iglesia. Aunque no en todas partes. No se puede estar con el crucificado y con los crucificadores.

José Enrique Galarreta