Reflexionando con los clásicos: Baldomero Fernández Moreno

 

 

 
 

 

 

 

 

 

Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
A sus habitantes, Señor, ¿Qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?

 

La piedra desnuda de tristeza agobia,
¡dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay ningún poeta bobo de ilusiones?

 

¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?

 

Si no aman las plantas, no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor…
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un ave.
¡Setenta balcones y ninguna flor!

 

(Baldomero Fernández Moreno)

 
Comentario

 

En este poema el autor nos cuenta la extrañeza que le produce contemplar una casa en la cuál no hay ninguna flor que adorne su fachada.

 

Comienza indicándonos el número de balcones, setenta, que se ven en la fachada. Setenta es un número simbólico; significa sobreabundancia (recordemos que el número siete indica totalidad en el lenguaje bíblico; por tanto diez veces siete sería una hipérbole, una exageración). A continuación, la triste realidad: no hay ninguna flor que adorne siquiera uno de tantos balcones. La flor representa la belleza, y el poeta se pregunta, ¿qué tipo de personas pueden habitar ahí?, ¿por qué niegan la presencia de la belleza, de la hermosura,  en la casa?

 

Los cuatro siguientes versos nos hacen ver la consecuencia de esta falta de objetos bellos: la tristeza de la piedra y los balcones, y la falta de presencia de personas alegres: la niña novia y el poeta. Ambos hablan de una realidad hermosa. Pero en esta casa posiblemente no estén presentes.

 

A continuación, dos preguntas retóricas: los inquilinos de la casa ¿no desearían tener al alcance de sus manos una pequeña copia de jardín? ¿no quisieran dotar a la fría fachada de unos elementos que la hiciesen bella? El poeta se extraña de esta ausencia porque sabe que la necesidad de contemplación de la belleza es una de las principales necesidades que tiene el ser humano para poder realizarse plenamente como persona.

 

Finalmente, la conclusión: quien no es capaz de apreciar la belleza de una pequeña flor tampoco podrá aspirar a gozar de cosas superiores y bellas en grado máximo: la música, la poesía y… el amor.

 
Termina el poema con la triste exclamación de impotencia ante quien no es capaz de poner belleza a su alrededor: ¡Setenta balcones y ninguna flor!

 
Reflexión personal

 

Este poema nos puede ayudar a reflexionar sobre la búsqueda de la belleza, la bondad y el amor. En resumen, el autor está expresando una importante intuición: sólo donde hay personas capaces de amar y conocer la verdad florecerá la belleza de las cosas. Pero si la persona no es capaz de buscar esa belleza esto indica que tampoco podrá amar, ni conocer las cosas en su plenitud. Si se evita la belleza (Setenta balcones y ninguna flor) no se podrá amar (Si no aman las plantas, no amarán el ave) y tampoco se conocerá la realidad de las cosas (No sabrán de música, de rimas, de amor)

 

Pero hay más. La contemplación de la belleza también es un camino hacia el encuentro con Dios. La contemplación atenta de la naturaleza nos lleva a apreciar la belleza de esta, el orden perfecto que manifiesta, y esto –casi sin esfuerzo –nos hace pensar en el Creador.

 

¿Y qué decir de la obra más perfecta que ha creado Dios: el hombre (varón y mujer)? Es la perfección máxima de todo el Universo, la máxima belleza que podemos contemplar y que tantas veces se nos pasa desapercibida. En el rostro humano, en las manos, en la mirada, en sus gestos… podemos descubrir la belleza que nos lleva hasta el mismo Dios, porque ¿qué es el hombre sino la única criatura hecha a imagen y semejanza del Creador?…Pero, desgraciadamente, también una belleza oculta por el pecado que no deja manifestarse al hombre como realmente fue concebido por Dios.

 
En base a estas reflexiones nos podríamos hacer una serie de preguntas:

 

1. ¿Qué entiendo con la expresión “La belleza de las cosas”?
2. ¿Qué hace de algo una cosa bella?
3. ¿Cómo definiría la belleza?
4. ¿Qué relación encontramos entre la verdad, la bondad y la belleza de las cosas?
5. La belleza de las cosas ¿es algo objetivo que todo el mundo puede captar o es algo subjetivo que sólo pueden apreciar determinadas personas?
6. ¿Dónde busco la belleza?
7. ¿Se nos puede educar para apreciar la belleza? ¿cómo podemos hacerlo?
8. El verdadero conocimiento y amor hacia las cosas y personas ¿me hacen apreciar estas realidades como algo bello en sí mismas?

 

 

 

Antonio Mellado