Nos escribe Lidia Medina, Salesiana Cooperadora de Sevilla

 

Queridos hermanos;
Me han propuesto una invitación para presentar mi vivencia sobre la vocación que compartimos, y aunque no me encuentro a la altura de ello, lo haré complacida y con mucho gusto. No me va a resultar fácil, pues toca hablar de sentimientos que brotan del alma, y no sé si con palabras podré expresar cuánto siento.  En primer lugar, y como corresponde, me presento, mi nombre es Lidia Medina, soy Salesiana Cooperadora del Centro de Nervión en Sevilla, por lo tanto perteneciente a  la Provincia “MARÍA AUXILIADORA” de SEVILLA. Hice la promesa en la “Salesianísima” casa de Utrera, en Mayo del 97. Soy madre de dos niñas, de 4 años y 16 meses (Isabel y Auxi), y con ellas, por ellas y en ellas, vivo y me desvivo, con la intensidad que la dimensión del AMOR (con mayúsculas) me permite.

Descubrí mi pasión por los jóvenes en el mejor de los sitios posibles, en el Oratorio de las Hijas de María Auxiliadora, de Nervión, durante más de diez años, donde aprendí, disfruté y gocé de los valores que se desprenden del contacto con los más humildes, y donde aprecié de primera mano, cómo el Sistema Preventivo de Don Bosco, es efectivo y adaptado a cada uno, según sus propias circunstancias y necesidades.
Otro regalo en mi vida, es mi trabajo. Tener la dicha de compartir trabajo, vocación y misión es un verdadero privilegio,  el mismo, se desarrolla en la Secretaría Técnica y Coordinación de la FUNDACIÓN MORNESE, que tiene su sede en Sevilla, en la Casa Provincial de las Hijas de María Auxiliadora. El fin de esta entidad es la prevención y la promoción integral de aquellos colectivos más desfavorecidos que se encuentran en situación de riesgo de exclusión social, mediante la realización de proyectos de desarrollo socio-educativos. Experimentar desde el dolor que provocan las injusticias sociales, que con la esperanza y la confianza depositada siempre en Dios, y con el empeño de personas comprometidas que son capaces de soñar, se hace posible la oportunidad de ofrecerles un futuro mejor, alienta, reconforta y gratifica mi alma.
De vez en cuando, me encanta volver a releer y saborear los orígenes de Don Bosco y Madre Mazzarello… cierto que el contexto social es muy distinto, pero nada ha cambiado… Dios sigue llamando, hay mucho por hacer. Rezo para que esa “llamada” se oiga alta y clara, y que sigan naciendo vocaciones sensibles a las situaciones que atraviesan los jóvenes, especialmente, los que cuentan con menos recursos y oportunidades en medio de una sociedad tan competitiva y cambiante.
En mi rato de conversación diaria con Dios… siempre pido algo que me ayuda y que deseo compartir con vosotros, que el frenético ritmo del día a día, no me haga olvidar nunca que debo siempre amar más, mucho más.
Que la mirada de Dios Padre, Buen Pastor, nos siga alentando a ello, y que cuando volvamos la vista atrás, podamos constatar que la Madre Auxiliadora, continúa haciéndolo todo.  

Un abrazo fraterno;
Lidia Medina.