Consejo Provincial
Todas nuestas noticias
¿Buscas algún recurso?, este puede ser el lugar
Mira tu correo desde aquí
Tofos las fotografías de los encuentros
Cooperación Salesiana y Tercer Mundo
Salesianos Cooperadores
  ESTÁ EN: castellano
Castellano
Euskera
SALESIANOS COOPERADORES - PROVINCIA DE BILBAO -

Inicio


El consejo provincial de cooperadores
Todas las noticias de la web
Todos los recursos que estás buscando
Aquí puedes ver tu correo
Todas las fotografías de los encuentros









Accede a nuestro FTP

Todo sobre el nuevo PVA

Las noticias que hemos realizado especiales

Boletín electrónico sobre las novedades de la web


Comentario al evangelio del día
por FELIPE SANTOS (SDB)


Te mostramos en esta sección el comentario al evangelio del día. Pondremos toda la semana para que nos sirva de reflexión

   

 

Viernes
19 de diciembre
de 2008
 
Zacarías es un orante

“¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo y mi mujer es de edad avanzada” (Lc 1,18)

Zacarías es un orante y, por tanto, un buscador de sentido para su vida. Se acerca como tantas veces al templo, pero esta vez Dios ensancha el espacio de su tienda, rompe sus límites, y ahí, el marido de Isabel, se detiene y no entiende. Señor, me abro confiado/a a tu gracia, siempre me sorprendes y desbordas.

Lc 1,5-25: Zacarías pidió garantías al Angel

Zacarías era sacerdote por derecho de familia. Estaba cumpliendo las funciones del culto en el Templo. El Ángel le anuncia el nacimiento de Juan. Su llegada no pasará inadvertida, y muchos se gozarán de su nacimiento; será un niño consagrado. El Espíritu habitará en él desde el seno de su madre.

Juan, “Yohannan” en hebreo, significa “Dios es misericordioso”; es el signo de la irrupción de Dios en su pueblo. El Señor le visita, le libra, realiza la alianza que había prometido. Papel de aquel niño es preparar los caminos del Señor.
Zacarías no puede creer la maravilla de que, ya viejos él y su esposa, vayan a engendrar un hijo. El Angel le da una señal para su duda: se quedará mudo hasta que la anunciación se realice. Dios dirige la historia según sus designios salvadores; él prevé cada cosa hasta en sus mínimos detalles. El nacimiento de Juan es un prodigio, porque no fue obstáculo la ancianidad y esterilidad de Isabel.

El pueblo de Israel intuye que algo excepcional ha ocurrido, porque el sacerdote demora en salir del santuario; pero ignora cuál es la experiencia profunda que ha tenido Zacarías en el santuario. “Algún tiempo después concibió Isabel, y se quedó escondida cinco meses.”

     
Jueves
18 de diciembre
de 2008
 
María está embarazada

“La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo” (Mt 1,20)

María dejó que Dios entrara en el tejido de su vida y el Espíritu alumbró en ella posibilidades nuevas. Invoca al Espíritu, El es el gran protagonista de lo nuevo en ti. Espíritu Santo, ayúdame a colocarme en medio como quien sirve, como un pequeño reflejo de tu perdón, ternura y cercanía.

Mt 1,18-24: Mira, la virgen está embarazada

María está comprometida con José. En las costumbres judías ello daba al hombre los derechos de matrimonio, aunque la mujer seguía viviendo bajo la autoridad de su padre. La mujer era propiedad del hombre; no tenía derechos. Debía ser protegida por un hombre: su padre, esposo o hijo.
José está desconcertado al notar que María está embarazada sin haber convivido con él. La ley mandaba denunciar a la mujer que hubiera tenido relaciones con otro hombre fuera de su prometido, y apedrearla frente a la casa de su padre; pero José decide abandonarla en secreto.
María es modelo del cristiano, del creyente, de la Iglesia. También José, al aceptar esa “paternidad”. El ángel le invita a que no tenga temor de acoger a María, mostrándole el misterio de su fecundidad. “La criatura que espera es obra del Espíritu Santo”. “El ángel” ayuda a percibir la llamada de Dios que no se percibe; hace entender a José que la gravidez de María es fruto de la acción del Espíritu Santo.
Imitemos a Jesús en su amor a los hombres, viviendo todos los días de nuestra vida la caridad, comprensión y servicio generoso y desinteresado a nuestros semejantes, sobre todo hacia los más pobres y desvalidos.

     
Miércoles
17 de diciembre
de 2008
 
Abuelos y abuelas de Jesús

“Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús llamado Cristo” (Mt 1,16)

Jesús recoge, como en un cuenco, toda la herencia anterior, pero a su vez es una novedad. La Palabra, símbolo de un Dios deseoso de comunicarse, se hace humanidad y acampa en la tierra de los hombres. Por la encarnación, también tu tierra lleva dentro una semilla de amor. Es tu vocación, déjala crecer. Señor, que en mi vida aflore tu belleza. Que tu vida en mí sea un don para todos.

Mt 1,1-17: Los abuelos y abuelas de Jesús

La genealogía de Jesús es un resumen del tiempo desde la Creación hasta llegar a su plenitud: “Jesús el Mesías”. La presencia real de Jesucristo entre nosotros nos introduce en el misterio del tiempo y de la eternidad. Cristo está vinculado a su pueblo y a toda la humanidad.
Mateo quiere demostrar que Jesús es Hijo de David y el Mesías esperado. Construye la genealogía de forma que el resultado sea 3 veces 14 generaciones. El numero 14 es el doble de 7, cifra que simboliza en la Biblia la plenitud del plan de Dios o la totalidad de la historia. Las 14 generaciones desde Abrahán hasta David constituyen el primer vértice de la historia judía; las 14 siguientes generaciones desde David hasta la deportación a Babilonia revelan el punto mas bajo de la historia sagrada; y las restantes 14 generaciones desde el cautiverio babilónico hasta Cristo patentizan el último y definitivo vértice de la historia de la salvación: ahí donde surgió el Mesías.
El lugar de origen era importante para conocer a una persona. Así, entre los judíos Galilea era tradicionalmente un lugar de paganos, mientras que se suponía que en Judá vivían los israelitas fieles a la ley.


     
Martes
16 de diciembre
de 2008
 
Publicanos y prostitutas

“Los publicanos y prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios” (Mt 21,31).
En los más marginados de la sociedad, el Dios sorprendente se abre camino. Tu vida sencilla y orante puede ser una pequeña luz que habla de Dios en medio del mundo. Allí donde la incomprensión y el odio, el racismo y el enfrentamiento entre religiones surgen como una llaga que tarda en cicatrizar, tu testimonio, unido al de otros muchos, puede ser una antorcha encendida en medio de la noche. ¡Enciende la llama de tu amor en la humanidad herida!

Mt 21, 28-32: Hijo, quiero que trabajes en mi viña

Esta parábola se escribió en un momento crítico de la historia de Israel: el pueblo escogido que había dicho “sí” a Dios a través de su historia, no reconoció al Mesías. Los pecadores eran los que estaban reformando sus vidas en respuesta a la prédica de Jesús. El hijo que finalmente obedeció a su padre era como los cobradores de impuestos y las prostitutas que aparecían constantemente en el ministerio de Jesús.
En la parábola, el hijo que dice “sí” y no obedece, representa a aquellos que conocían a Dios y seguían su Ley, pero, cuando se ha tratado de acoger a Cristo, se han echado atrás. El hijo que dice “no” pero luego obedece, representa a los que vivían fuera de la Ley y no cumplían la voluntad de Dios, pero después, ante Jesús, se han arrepentido y han acogido el Evangelio.
La parábola de los dos hijos dice que para Dios las palabras y las promesas cuentan poco si no se siguen de las obras. Jesús nos dijo un día: “no todo el que me dice “¡Señor, Señor!” se salvará, sino el que hace la voluntad de mi Padre del cielo”. Palabras muy sencillas, pero muy claras y exigentes


     
Lunes
15 de diciembre
de 2008
 
Jesús pone en apuros

“¿Con qué autoridad haces esto?” (Mt 21,23)

La Presencia de Dios en tu vida fortalece tu caminar. Ha sido El quien ha sacado fortaleza de tus cobardías, que ha sido El quien ha puesto en tu corazón una fuente de alegría. Es normal que te broten las canciones de alabanza a Dios. La tarde se ha convertido en madrugada que anuncia la venida del Señor. ¡Ven, Señor Jesús! Jesús es tu fuente, la que mana y corre aunque sea de noche. Jesús es tu cena, la que recrea y enamora. Jesús es cada ser humano; amarle a El y ponerte a lavar los pies y desvelar la dignidad y belleza de los más perdidos, todo tiene en Dios su nacimiento. Camina en el amor, porque el alma que anda en amor ni cansa ni se cansa.

Mt 21, 23-27: La autoridad de Jesús

Los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo actuaban por envidia. Como habían visto que Jesucristo enseñaba en el Templo, se atreven a pedirle cuentas.
Jesús se enfrenta al judaísmo oficial y renuncia a dar testimonio de sí mismo, porque una sola palabra no podía convencer a quienes se han opuesto a todo su ministerio con una actitud incrédula y negativa. Los escribas y fariseos intentaban encontrar la oportunidad para condenarlo.
Ellos ven que Jesús habla con “autoridad” y que el pueblo reconoce sus obras y esa autoridad. Ellos no creen en Jesús como el Hijo de Dios; piensan que hace prodigios por poderes ajenos. Jesús actúa con mucha prudencia: “Yo, a mi vez, les haré una pregunta; si me la responden…”

Jesús, los desenmascara, los pone en apuros, les hace notar sus malas intenciones. Como se ha dado cuenta de sus mentiras, les responde: “Entonces yo tampoco les digo con qué autoridad lo hago”.
También nosotros nos enfrentamos a aquéllos que niegan a Jesús, no lo aman ni lo aceptan. No nos dejemos enredar por sus fraudes, engaños, mentiras. Afirmemos nuestra verdad, mostremos nuestra convicción en la fe de Jesucristo. No respondamos a sus preguntas y consultas malintencionadas. Imitemos la actitud de Jesús en nuestras comunidades.

     
Sábado
13 de diciembre
de 2008
 
Elías no fue reconocido

“No lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo” (Mt 17,12)

¡Qué dolor cuando un ser humano pisoteado, orillado, violentado, ninguneado? ¡Qué oscuridad, del hombre y de Dios! Aporta tu granito de arena en alguna de las mil tareas que el Espíritu hace surgir cada día a favor de la dignidad del ser humano. ¡Qué abajo te colocas para levantar a los abajados! ¡Qué grande es tu amor, Señor! ¡Qué novedad y verdad aportas a la vida!

Mt 17,10-13: Elías vino, y no lo reconocieron

1) En tiempos de Jesús se esperaba el retorno de Elías: “He aquí que envío mi profeta, Elías, antes de que venga el día del Señor” (Ml 3,23). Sus detractores utilizaban este argumento para rechazar a Jesús: “¡no puedes ser el Mesías, porque Elías no ha venido!”.
Ante la inquietud de los discípulos, Jesús les responde: "en efecto Elías viene a preparar los caminos al Mesías. Pero les digo: “Elías ha venido ya, no lo reconocieron, e hicieron con él lo que quisieron”.
Juan Bautista es “Elías que debe venir”. El fuego del Espíritu lo habita y le hace correr delante (como “precursor”) del Señor que viene. En Juan, el Espíritu Santo culmina la obra de “preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lc 1,17).

2) Este texto nos enseña a descubrir los signos de los tiempos a través de las situaciones concretas, para que examinemos los hechos y acontecimientos que el Espíritu suscita en nuestra vida y logremos cumplir la voluntad de Dios. Así testimoniaremos lo que creemos. La prueba decisiva será siempre el amor de Dios y de los otros en lo concreto de la vida; no el amor de pequeños grupos, sino un amor universal, signo del cristiano.

     
Viernes
12 de diciembre
de 2008
 
Toma al niño y a su madre

“Yo, el Señor, te guío por el camino que sigues” (Is 48,17)

Dios es amigo de dar. No pongas tasa al actuar de Dios. Puede hacer en ti mucho más de lo que imaginas. Si no lo crees, estás cerrando tus puertas a sus dones. Mientras avanzas por el camino deja a Dios que sea Dios en ti, que actúe como Dios. La alianza de amor que estáis haciendo es cosa de los dos: de Dios y tuya. Pon tus trozos rotos en sus manos, para que, como buen alfarero, haga de ti una vasija nueva. Dios te va dejando la certeza de su paso. Tú sabes que es El quien te guía y te acompaña. Por eso, te brota la oración humilde: Señor, no soy digno, no soy digna de que entres en mi casa. Bendito y alabado seas.

Mt 2,13-15.19-23: Levántate, toma al niño y a su madre

1) La memoria de María en su advocación de Guadalupe nos invita a renovar nuestra fe y a perseverar en el seguimiento de Jesús a través del servicio a los pequeños.
El evangelio relata las dificultades de la joven pareja de Nazaret. El poder dominante, temeroso de perder su soberanía, persiguiendo al pequeño niño es símbolo de la soberbia con que precisamente actúa el poder cuando se apodera de una persona, de un grupo o de una institución. Todo lo que aparece como alternativo se tiene por enemigo, y se pierde la capacidad de diálogo, de cooperación y de respeto por el otro.
2) José y María, confiados y guiados por Dios, protegen la vida del pequeño, signo del amor gratuito, de la solidaridad y la fraternidad. El evangelio nos invita a ser como ellos, personas sencillas dispuestas a proteger la vida amenazada, a impulsar los proyectos pequeños y solidarios.
Que el día de María de Guadalupe, patrona de Latinoamérica, sea la oportunidad para sensibilizarnos y comprometernos como cristianos con la defensa de nuestros hermanos indígenas y el cuidado del legado cultural y espiritual que nos ofrecen; el momento de solidarizarnos con los emigrantes y desplazados que, como Jesús, buscan un lugar en donde reconstruir sus vidas y la confianza en Dios y en la Vida, a través de la fraternidad y la acogida.
Dios te limpia los ojos para ver un corazón donde antes solo veías lodo, para despertar la gracia en todos los desgraciados, para poner canciones de amor donde solo hay despojos rotos de desengaño.

     
Jueves
11 de diciembre
de 2008
 
Juan B, el más grande

“Hemos tocado la flauta y no habéis bailado” (Mt 11,17)
¡Qué triste y duro reproche el de Jesús! ¿Cómo es que está seco el desierto, si lo han atravesado torrentes de vida y de alegría? Si hoy escuchas la música callada, prestas atención a las melodías profundas y te enteras de la fiesta de Dios, llenarás del perfume del servicio y de la comunión toda la casa. Algún día vendrás, Espíritu del gozo, como viento fuerte, me pondrás en mi sitio y yo danzaré para ti.

Mt 11, 11-15: Juan Bautista, el más grande

Jesús testificó la grandeza de Juan. En esa época los profetas eran más grandes que los reyes. Pero Juan el Bautista fue más que un rey y más que un profeta; fue más que todos los profetas del Antiguo Testamento.
Los profetas eran hombre de Dios, del pueblo, de oración, que tomaban postura ante los conflictos. Fueron así señal de contradicción, de lucha personal y del pueblo, e invitaban al reencuentro con Dios.
Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.
Juan el Bautista fue un hombre de profunda oración contemplativa y unión con Dios. Preparado en la lectura de la Palabra y pronto a cumplir la voluntad de Dios, supo reconocer los signos de los tiempos; un predicador profético que no vaciló en anunciar y señalar, con humildad, a Jesús como único camino de salvación; no tuvo temor de denunciar con valentía las injusticias e impiedades del pueblo y de los líderes civiles y religiosos.
La credibilidad del Evangelio exige que nuestra predicación sea fiel a lo anunciado por el Señor mismo. Jesús, como Juan el Bautista y otros, vivían lo que anunciaron y anunciaron lo que creían y vivían.

     
Miércoles
10 de diciembre
de 2008
 
Cansados y agobiados, venid

“Te colma de gracia y de ternura” (Sal 102, 4)
¿Cómo saber si vas por buen camino? No es de extrañar que te surjan dudas en el camino. La vida te lo irá diciendo, te lo irán diciendo las obras que encuentras en ti como un regalo. Dios no quiere que estén ocultas sus obras. Por eso, te colma de gracia y de ternura, te enseña a respirar y a vivir en libertad, te regala un camino en comunión. Su presencia en ti te hace más humano, más humana, con más sencillez y verdad entre las manos, testigo, junto a otros, del Dios de la ternura. Dios te hace oír la fe, el amor y la esperanza. Teje en tu corazón un vestido teologal. Dios se te mete en las memorias hondas de tu vida. La gracia y la ternura son un brote frágil. Si intentas vivir al margen de tu Dios, todo se te puede perder en un momento. El Dios de la ternura te enseña el lenguaje de la ternura, y cuando sales a la vida de cada día y te encuentras con las personas ya no quieres dominar ni ser más que los otros, sino que quieres ser sencillamente un pobre que ama a sus hermanos. Este es el milagro de la gracia.

Mt 11,28-30: Vengan a mí todos los que están cansados

1) En este pasaje del evangelio de Mateo los “cansados y agobiados” son los mismos pequeños e ignorantes a los que alude en los versículos precedentes (Mt 11,25-27): aquéllos a quienes el Padre ha privilegiado mostrándoles sus secretos, en vez de confiarlos a los sabios y entendidos. El peso o el yugo designa con frecuencia en el judaísmo el cumplimiento de la Ley (Eclo 51,26; Jr 5,5; Ga 5,1). Los escribas lo habían sobrecargado con un número incalculable de prescripciones que los simples y los pequeños se esforzaban por observar, sin tener la capacidad suficiente para distinguir lo necesario de lo accidental (Mt 23,4). Los que Jesús ha acogido no son tanto los afligidos como los simples e ignorantes, esclavos de las prescripciones del legalismo judío. Jesús, que guardaba sus distancias frente al intelectualismo, hace otro tanto frente al legalismo. Llama a los que están cansados y agobiados, pero no para darles descanso, sino para proponerles que carguen con un yugo diferente.

2) El evangelio se vale de este recurso para señalar que cada persona debe asumir en la vida una carga, un peso, un yugo, una preocupación. Puede ser el de las ambiciones personales, el de los problemas económicos de cada día, el de la violencia que nos rodea… Para llevar el yugo que Jesús nos propone, el de la solidaridad y la fraternidad universal, debemos prepararnos. No basta la buena voluntad; es necesario aprender dos cualidades: la humildad y la mansedumbre. Jesús impone un yugo fácil de llevar porque él también ha formado parte de la comunidad de los pobres anunciada por los profetas, y porque reúne a los mansos y humildes de corazón. El Liberador que esperamos en Navidad es un pobre, y lo es de corazón, porque ha adoptado libre y voluntariamente esta condición; desde nacer en un establo.

     
Martes
9 de diciembre
de 2008
 
Deja las 99 y busca la otra

En el mundo confuso que te rodea y que tú llevas dentro, no siempre verás claro el camino a seguir. El Espíritu sí lo sabe. Ábrete a El. Confía en El. El viene en ayuda de tu debilidad. Desde dentro de ti te lleva, te convoca a la comunión con Dios, a la fiesta de la Navidad. Quiere que seas testigo del beso que Dios quiere dar a la humanidad en el momento de la Encarnación. El Espíritu quiere que entres en el Reino, ese tesoro que estaba escondido en tu campo sin tú saberlo. A ti te toca dejarte guiar, entrar en paz en ese misterioso espacio de Dios, tan desconocido e insospechado para ti. Camina en la alegría de saber que Dios te ha llamado para estar cerca de El, para estar El cerca de ti y de todos los pobrecitos de la tierra.

 

Mt 18,12-14: Deja las noventa y nueve por la extraviada

El Señor no quiere que nadie se pierda, “pues el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que estaba perdido”. Jesús nos muestra aquí cuán importante somos para él, quien dio su vida por mostrarnos un camino de fidelidad al Padre y graficarnos que Dios es el Padre Misericordioso, que a pesar de nuestras debilidades nos ama entrañablemente, nos escucha y nos perdona. Ahora, si Dios es capaz de perdonar nuestras faltas, ¿somos nosotros capaces de perdonar a nuestros hermanos? No podemos juzgar el pensamiento de los demás; al contrario, presentemos a Dios nuestras oraciones especialmente por aquellas personas sobre quienes tenemos alguna duda, y luego, en la vida diaria, pongámonos a su servicio; ésta es la novedad del perdón. Hemos de imitar a Cristo en la solicitud por la oveja extraviada. Despreciar al que yerra va contra los principios de Dios; nuestro amor al ser humano tiene que ser inmensamente mayor que nuestro odio al error. Hay que dar a todos la certeza de ser buscados, amados, comprendidos, defendidos; ésa es la esencia del cristianismo. El Señor vino a sanar a los enfermos, a salvar lo perdido; buscó a la oveja perdida. Nosotros debemos, por tanto, seguir su ejemplo.
Alaba y bendice a Dios, que hace maravillas. Su gloria es que todos los hombres y mujeres vivan en plenitud. Esta es su alegría. Ojalá vaya siendo la tuya.

     
Viernes
5 de diciembre
de 2008
 
Ten compasión, Señor (ciegos)

Mateo nos relata un encuentro con Jesús. En diálogo con él, dos ciegos emprenden el camino de la esperanza. Para ellos el encuentro con Jesús fue una gracia, una sorpresa del Dios que no hace más que amar. Los ciegos son símbolo de la Iglesia que pide y quiere recibir la misericordia que salva. Porque, ¿cómo mirarnos y amarnos como hermanos sin tener los ojos limpios?, ¿hacia dónde caminar sin ver a Jesús que va delante? Búsquedas y encuentros, gritos y respuestas. Así es nuestra vida: avanzar “entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios” (San Agustín). En las experiencias de silencio o en las experiencias de encuentro con los demás, lo importante es estar abiertos al Espíritu: él nos ofrece sorpresas siempre nuevas.

Mt 9,27-31: ¡Hijo de David, ten piedad de nosotros!

1)Los dos ciegos dan prueba de una auténtica fe: confían en el poder que tiene Jesús para sanarlos. Pero el Señor evita curarlos públicamente porque no quiere que se confunda la finalidad de su venida. Como lo reitera en la despedida, una vez en casa Jesús repite igual que otras veces: “que suceda como ustedes han creído”, o “vete, tu fe te ha salvado”, poniendo en primer lugar nuestra fe y confianza en el poder salvífico del Señor. La respuesta clara y segura de los ciegos es la misma que nos pide a nosotros hoy; y tenemos que entregarla con la misma fuerza y seguridad: “¡Sí, Señor, creo. Creo que eres mi Dios y salvador, que me amas y perdonas!” Y después de esta manifestación de fe, salir como los ciegos a proclamar que el Señor es bueno.

2)Reconozcamos, pues, nuestra ceguera y entreguémonos confiados en las manos del Señor, porque él es la Luz que nos ilumina; gracias a su luz todo nos parece claro y trasparente. Reconozcamos también nuestra capacidad de ver, para así poder ayudar a los que aún caminan por diversos caminos de oscuridad. Digamos, pues, como los dos ciegos: “¡ten compasión de nosotros, Hijo de David!”
Orar es querer ver a Jesús, contemplar su rostro, alegrarnos de verle.

 

     
Jueves
4 de diciembre
de 2008
 
Casa edificada sobre roca

¿Sientes el deseo de entrar en el Reino? ¿Quieres nacer de nuevo? Los fracasos, los sinsentidos de la vida, la desgana profunda no tienen la última palabra. Son señales que te indican que tu vida necesita beber en otra fuente de aguas más limpias. Las dificultades que encuentras no se solucionan culpabilizando a los demás. Esto, más bien, esteriliza tu vida. Ni culpabilizándote a ti. Las pruebas dejan al descubierto lo que llevas en el corazón; son cosillas en las que puedes descubrir si de verdad eres libre. Cambia los lamentos por la ofrenda. Abre en tu vida un espacio para Dios, para que pueda ser Dios en ti. Un amor te espera, no lo olvides. Si puedes, dile a Dios: “Hágase tu voluntad”. Díselo muchas veces, hasta que lo vaya diciendo tu corazón. Y quédate así, a la espera.

Mt 7,21.24-27: La casa edificada sobre roca, resiste

1)El verdadero discípulo es aquél que cumple la voluntad de su maestro. Cristo nos guía para hacer la voluntad del Padre, y nos deja muy en claro que no nos podemos engañar: no basta decir “¡Señor, Señor …!”; lo que verdaderamente hay que hacer es ponerse de pie y actuar de acuerdo a lo que le hemos escuchado o leído en cada evangelio, ¡porque ésa es la voluntad del Padre!

2)¿Qué tenemos “que hacer”? Pensemos cuán maravilloso es su mensaje, cuánto más hermoso cumplirlo, y cuán grande será la recompensa: el reino.
La invitación de hoy es a ponerse de pie y edificar sobre la roca del Señor, pues el que no edifica no tiene donde cobijarse. Si es necio construir en la arena, peor será no construir. Ese Dios-Fortaleza es el fundamento sobre el que nos toca construir; la vida de oración y la vida de acción son absolutamente necesarias para todos y cada uno de nosotros. Sin Dios, sin Cristo, nada podemos hacer. Cristo nos viene a enseñar a construir el edificio de nuestra vida de santidad; escuchémoslo en cada lectura bíblica, en cada uno de nuestros hermanos y hermanas.
Sería bueno que nos preguntáramos: ¿sobre qué bases estamos construyendo nuestras sociedades? Que no nos baste con decir “¡Señor, Señor…!”

Acércate a los demás como una bendición, como una humilde presencia, que no se impone sino que se pone en medio, como una casa con luz, por si puede servir de ayuda a alguien.

     
Miércoles
3 de diciembre
de 2008
 
El sueño nos quita el sueño

Es bueno que acojamos esta pregunta, siempre inquietante, de Jesús, teniendo delante de nosotros los rostros de hombres y mujeres, niños, muchos niños, hambrientos todos, con las manos extendidas en busca de ayuda. Jesús mira al ser humano en su totalidad. Le da la palabra, pero también el pan. Si nos decimos amigos de Jesús tenemos que implicarnos en la práctica de un amor activo y concreto con cada ser humano. Es la hora de la nueva imaginación de la cariad, que exprese la capacidad de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre, para que el gesto de ayuda sea sentido no como una limosna humillante, sino como un compartir fraterno.
Orar es acoger la llamada que Cristo nos hace desde la pobreza, es continuar la cena de Jesús partiendo nuestro pan con el hambriento.

Mc 13,33-37: ¡Estén atentos y despiertos!

1)La comunidad judía que retorna del exilio enfrenta un gran desafío: reconstruir los fundamentos de la nación, la ciudad y el Templo. No era una tarea fácil. La mayoría de los exiliados ya se habían organizado en Babilonia y en otras regiones del imperio caldeo. La mayor parte de los que habían llegado desde Judea cincuenta años antes ya habían muerto y los descendientes no sentían gran nostalgia por la tierra de sus padres. Los profetas los habían invitado continuamente a reconocer los errores que habían conducido a la ruina, pero la mayor parte de los exiliados ignoraban a los mediadores de Yahvé.
Algunos tomaron entre sus manos el proyecto de reconstruir la identidad, las instituciones y la vida de la nación. Sin embargo, no contaron inicialmente con mucho apoyo, Parecía una idea loca e innecesaria: para qué volver a Jerusalén si ya no había remedio... Lo mismo nos ocurre a veces a nosotros, vivimos de la nostalgia del pasado pero no nos comprometemos a transformar la realidad del presente. Añoramos otros tiempos en que se vivía mejor, pero no rescatamos los valores que hacen posible una convivencia humana justa y equitativa.

2) Jesús hace a sus discípulos una recomendación que hoy nos sorprenden: mantenerse despiertos. ¡Todo lo contrario de lo que nosotros haríamos! Pero él tiene sus razones. Si cada día estamos embargados por las preocupaciones más superfluas, lo más seguro es que se nos pase la hora apropiada para realizar la misión que Jesús nos encomienda. Jesús, en el evangelio, nos enseña a estar en guardia contra los que creen que las enseñanzas cristianas son algo superfluo. El evangelio debe ser proclamado donde sea necesario, deber ser colocado donde se vea, debe ponerse al alcance de todos. Nuestra misión es hacer del evangelio una lámpara que ilumine el camino de la vida y nos mantenga en actitud vigilante.
La interpretación que se daba a estos textos del evangelio que apuntan hacia el futuro o hacia la escatología estuvo casi siempre revestida de un tinte apocalíptico y de temor: el Señor había establecido un plazo, que se nos podría acabar en cualquier momento, imprevisiblemente, por lo cual necesitábamos estar preparados para un juicio sorpresivo y castigador que el Señor podría abrir en cualquier momento contra nosotros.

3) «Que la muerte nos sorprenda confesados». Este miedo funcionó durante mucho tiempo, durante tantos siglos como duró una imagen mítica de Dios, excesivamente calcada de la imagen del señor soberano feudal que dispone despóticamente sobre sus súbditos. El miedo a la condenación eterna, tan impregnado en la sociedad cristiana medieval y barroca, hizo que la «huelga de confesonarios» pudo ser en determinados momentos un arma esgrimida por el clero contra las clases altas, por ejemplo por parte de los misioneros defensores del pueblo contra los conquistadores españoles dueños de esclavos. Causa sonrisas pensar en la eficacia que una tal «huelga de confesionarios» pudiera tener hoy día... Y es que la estrella de la «vida eterna», el dilema de la salvación/condenación eternas, brillaba con su potencia indiscutible en el firmamento de la cosmovisión del hombre y la mujer premodernos... Pero son tiempos idos. Sería un error enfocar el comentario a evangelios como el que hoy leemos, en esa misma perspectiva, pensando que nuestros contemporáneos son todavía premodernos...

4) El estado de alerta, la mirada atenta al futuro que evita el adocenamiento o la rutina... sí que es una categoría y una dimensión del hombre y de la mujer modernos. Si lo interpretamos como «esperanza», la pertinencia del mensaje aún es más vigente.
¿Qué puede significar «Adviento» para la sociedad actual? Como nombre de un tiempo litúrgico significa bien poco, y no habría que lamentarse mucho ni gastar pólvora inútilmente, pues cualquier día –tal vez más pronto que tarde- la Iglesia cambiará el esquema de los ciclos de la liturgia, que clama a gritos por una renovación. Lo que importa no es el tiempo litúrgico, sino el Adviento mismo, el «Advenimiento» -que eso significa la palabra-, el «noch nicht Sein» que diría Ernst Bloch, aquello cuya forma de ser consiste en «no ser todavía pero tratando de llegar a ser»... Ateo como era, Bloch construyó toda su poderoso edificio filosófico sobre la base de la utopía y la esperanza, y presentó en bellas páginas inolvidables la grandeza heroica del santo y del mártir ateo, capaz de dar la vida en aras de su esperanza... Ebeling, en la misma línea decía: «lo más real de lo real, no es la realidad misma, sino sus posibilidades»...
Después de los años 90 pasados, estamos en un tiempo en el que se ha dado un «desfallecimiento utópico». Con el triunfo del neoliberalismo y la derrota de las utopías (no «de las ideologías», alguna de las cuales siguen muy vivas), la cultura moderna –o mejor posmoderna- castiga al pensamiento esperanzado y utopista. El ser humano moderno-posmoderno está escarmentado. Ya no cree en «grandes relatos». Se nos ha impuesto una cultura antiutópica, antimesiánica, a-escatológica, ¿sin esperanza?, a pesar de la brillantez de que hacen gala los productos de la industria mundial del entretenimiento; detrás del atractivo seductor de ese entretenimiento, la imagen de ser humano que queda está ayuna de toda esperanza que trascienda siquiera mínimamente el «carpe diem» o el «disfruta esta vida». ¿Qué advenimiento («adviento») espera el hombre y la mujer contemporáneos? ¿Cómo vivir el adviento en una sociedad que no espera ningún «advenimiento»? Desde luego, no reduciendo el adviento a un «tiempo litúrgico», o a un tiempo pre-navidad... ¿Cómo pues?

5) El Advenimiento que esperamos los cristianos no es la Navidad... Ni siquiera es «el cielo»... ¡Es el Reino! No es otro mundo... Es este mismo mundo... ¡pero «totalmente otro»! Se puede ser cristiano sin celebrar el adviento, ¡pero no sin preparar el Advenimiento! Ser cristiano es hacer propia en el corazón la nostalgia de Aquel que decía «fuego he venido a traer a la tierra, y ¡cómo deseo que arda...!». Los cristianos no pueden inculturarse del todo en esta cultura antiutópica y sin «grandes relatos», porque somos hijos de la gran Utopía de la Causa de Jesús, y tenemos el «gran relato» del Proyecto de Dios... Podríamos no celebrar el adviento, pero no podemos dejar de darnos la mano con los santos y mártires ateos (quedan pocos) y con todos los hombres y mujeres de la tierra, de cualquier religión del planeta, para trabajar denodadamente por el Advenimiento del Nuevo Mundo.
Cada vez se perfila mejor: crear un Mundo Nuevo, fraterno-sororal y solidario, sin imperios ni instituciones transnacionales o mundiales explotadoras de los pobres, lo que Jesús llamó «malkuta Yahvé», Reino de Dios, pero dicho con palabras y hechos de este ya tercer milenio, ése es el Advenimiento que esperamos, el sueño que nos quita el sueño, lo que nos hace estar en «alerta».


     
Martes
2 de diciembre
de 2008
 
Dichosos los que ven

No intentes espiritualizar sin humanizar. No puedes entrar en el cielo sin entrar en ti. El trato verdadero contigo, el trato sencillo con las gentes que te rodean, el saberte hombre o mujer de este tiempo, con sus luces y sombras, es el lugar donde Dios quiere nacer. No te extrañes de no saber caminar por tu mundo interior y de sentirte a veces incómodo o incómoda en medio de la gente. No te sorprendas de tu mal humor al ver que no consigues resultados inmediatos. Una cosa puede llenarte de esperanza. Dios no deja de revelarse a los sencillos. Dios no deja de llamarte. Te quiere tanto que aprovechará cualquier ocasión para entablar la amistad contigo.

Lc 10,21-24: Dichosos los ojos que ven lo que ustedes

1) Al ver el éxito de los 72 discípulos enviados a predicar, Jesús se llena de alegría y agradece al Padre por la manera como obra el plan de Dios entre la gente sencilla. Son los sencillos quienes han dado el salto de calidad humana y se han valorado a sí mismos y a los demás como seres humanos, reconociendo a Jesús en toda su dimensión.
Es precisamente la gente sencilla la que descubre ayer y hoy que es capaz de transformar las cosas y construir el reino aquí y ahora, y es justamente por eso que Jesús trata de “felices” a los sencillos, porque han podido dimensionar desde su sencillez la grandeza del plan de Dios.
También Jesús proclama una vez más la común-unión entre él y el Padre, pues nadie conoce al Padre si no es a través de su Hijo y a quien El lo quiera revelar.

2) El Señor nos invita hoy a esforzarnos por tener un corazón sencillo, para poder aprender a valorar la sabiduría de los más “pequeños”, reconocer en todas las personas a nuestros verdaderos hermanos y hermanas, y en ellos ver la cara amorosa del Padre.
Nos caben dos preguntas: ¿Cómo podemos hacer realidad esto en nuestra sociedad? ¿Tenemos que descartar a los sabios e inteligentes, a reyes y profetas?

Camina en el Adviento sin pretensiones de grandeza. Dios quiere decirte algo y quiere decir en ti algo importante a los que peor lo pasan a tu alrededor. Dios nunca viene para ti solo, viene para todos.

     
Lunes
1 de diciembre
de 2008
 
La fe del centurión

¡Qué importante es encontrarnos en la vida con personas ejemplares que provoquen en nosotros el deseo de crecer en el amor! Y estas personas, por qué no, pueden ser de otra raza, cultura o religión. La salvación que ofrece Jesús es universal, no reconoce fronteras entre personas o pueblos. Lo que hay que valorar es la fe tan atrevida y segura de este hombre y los gestos humildes en que se concreta. Lo que de verdad importa son los frutos de una actitud de fe: la dignidad de un ser humano restaurada, la reconciliación entre los pueblos y el gozo ante las maravillas del Señor.
Orar es buscar cómplices para ir a Dios, es encontrar amigos de orar con quienes hacer el camino, porque “gran mal es un alma sola” (Santa Teresa).

Mt 8,5-11: La fe del centurión

1) “Vendrán de Oriente y Occidente para sentarse a la mesa”: qué palabras más llenas de esperanzas nos dice Jesús hoy. En definitiva nos reafirma una vez más que el reino es para todos sin ninguna distinción: de raza, posición social o creencia alguna… Pero, ¿cuál es la clave para conseguir esto? Tres cosas, de acuerdo a este evangelio: reconocer a Jesús como el “salvador”, hacerse humilde ante la gratuidad del amor de Jesús y confiar que el Señor todo lo puede.

2)Nótese que el centurión estaba pidiendo la sanación para su criado. El, a pesar de pertenecer al aparataje opresor, muestra ante Jesús una fe y humildad impresionantes, esa fe que Jesús proponía a sus discípulos desde el comienzo; fe de confianza y abandono que lo hace merecedor de admiración y pronta respuesta: “Yo iré a sanarlo”.
Esta situación nos tiene que alegrar hoy a cada uno de nosotros. Hemos de pedir con fe, esperanza y abandono, reconociendo que “no somos dignos de que entres en mi casa”, pero con la seguridad de que el Señor hará todo aquello que nos conviene. Las palabras finales de esta “historia” son decidoras: “anda, que te suceda como has creído”, y en aquella hora se curó el criado.

ORAR es buscar cómplices para ir a Dios, es encontrar amigos de orar con quienes hacer el camino, porque “gran mal es un alma sola” (Santa Teresa).


     

Páginas web de interés
 
Suscríbete a nuestro boletín
 
Tu opinión nos interesa
 
Ponte en contacto con nosotros